viernes, 18 de febrero de 2022

Hitting the Books


Porque para todos los misterios que tiene el mundo, nosotros tenemos muy pocos años de vida para alcanzar nuestras metas.  Es por ello que les comparto hoy este mantra: siempre tendré veinte veranos de edad.

El número no importa, la verdad: puedes elegir diecinueve, o veintitrés, o cuarenta.  Que la edad que tengas al momento de leer esto sea la edad que quieres mantener otro día, otra luna, otro verano, mientras consigues las grandes verdades que persigues.

-- Traducción libre del quest Hitting the Books de Final Fantasy XIV


viernes, 17 de septiembre de 2021

Empatía


Micah supo, desde muy joven, que había algo raro en él, gracias al perro.

Calculaba que tendría unos nueve o diez años, once máximo.  Ya a esa edad iba solo desde su escuela a su casa, sin preocupaciones.  Goolwa era, ya entonces, más una ciudad pequeña que un pueblo grande, pero aún era lo bastante tranquila como para que los chicos pudieran vivir como chicos, en lugar de estar encerrados en sus casas.

Micah consideraba que había sido un chico normal en todo aspecto, hasta el incidente del perro.  No era ni alto ni bajo para su edad, ni tenía un color de cabello o de ojos que resaltara.  Todo en él era, según él mismo creía, anodino.

Y así, ese chico normal salió ese día normal de su escuela normal, y siguió el camino normal que lo llevaría a su casa normal.  Era un día hermoso (eso también era normal en el pueblo costero), de esos ni muy calientes ni muy fríos, donde el cielo te llena de alegría con solo mirarlo, y donde a todo niño le provoca caminar hasta su casa.

Ensimismado en sus pensamientos, y soñando con la tarde llena de juegos que le esperaba, Micah no se dió cuenta de por donde lo llevaban sus pies hasta que sintió, más que escuchar, el gruñido del perro.  No recordaba exactamente la raza del animal, pero estaba bastante seguro de que había sido un Rottweiler o algo parecido, y jamás en su vida había olvidado la mirada de odio que el perro le lanzó.

Micah se quedó congelado del miedo, sin poder moverse, sin poder apenas respirar.  Estaba seguro de que el perro lo haría trizas, lo devoraría entero.  Se imaginó a su madre llorando cuando le dieran la noticia de su muerte, y por alguna causa le preocupó que el perro se enterara de dónde vivía, y fuera a por ella y su hermana...

En ese momento, sin razón aparente, el perro lanzó un chillido y se encogió sobre el suelo de la calle.  Sus orejas se aplastaron en su cráneo, y el rabo le quedó recogido bajo su cuerpo.  El animal temblaba de miedo, y cuando sus ojos se cruzaron con los de Micah, no aguantó más, y salió corriendo despavorido.

El encuentro no había durado más de unos segundos, pero para el niño se sintieron como horas.  Sus piernas, hechas gelatina, no lo soportaron más, y cayó de rodillas al suelo, sin poder entender ni creer lo que había pasado.

* * *

Pasaron años hasta que Micah logró medianamente darle un nombre a lo que hacía: empatía psíquica.  Aunque las cosas que él hacía iban más allá de lo que ese término englobaba.

Simplemente, Micah lograba, de alguna forma, compartir sus sentimientos con aquellos que lo rodeaban.

Nadie se metía con Micah: los bullies del colegio, que molestaban a todos los demás chicos, no se metían con él.  Y las chicas que le habían gustado durante la secundaria, siempre habían gustado de él a su vez.

No entendía por qué era capaz de hacerlo, ni tenía capacidad para controlarlo.  Simplemente pasaba: sus sentimientos eran también los de aquello con lo que interactuara.

* * *

El tiempo siguió avanzando, como siempre lo hace, y Micah creció.  Para cuando terminó su carrera universitaria, ya no se consideraba a sí mismo normal ni anodino.  Su vida era buena, y las cosas le salían bien.  Y aunque en su trabajo profesional todo iba sobre ruedas, poco a poco le fue dedicando más atención a lo que más dinero le daba: ser hipnotizador de animales.

No importaba el animal con el que lo encerraran, no importaba qué tal salvaje fuera, Micah lograba evitar que lo atacara.  Normalmente el animal se asustaba de Micah, o simplemente se quedaba tranquilo mirándolo.  Fuera como fuera, el animal jamás lo atacaba.  Ni una sola vez había sido atacado o herido en ninguna de sus funciones.

Micah logró hacerse una pequeña celebridad en Goolwa, y poco a poco su fama de hipnotizador fue llegando a otros poblados e incluso a la capital.  Comenzó a aparecer en programas dominicales de televisión, en noticieros, y eventualmente en programas dedicados a él.  El dinero le llovía, y su fama crecía cada vez más.

La pièce de résistance de sus habilidades fue sugerida por su agente.  Hasta ahora se había enfrentado a muchos animales, pero había algo en común en todos ellos: perros, leones, tigres, e incluso un rinoceronte, habían sido domados sin problema.  Todos mamíferos.  Una vez domó a una bandada de gansos, todos a la vez!

Pero nunca había tratado de hacerlo con un tiburón.

Se esperaba que el programa rompiera récords de audiencia, y las entradas presenciales se habían agotado.  El tiburón había sido colocado en un área especial, una especie de piscina redonda con bordes de vidrio que permitían visión 360 de su interior, con una tarima sobre ella desde donde él se lanzaría al agua.

Mientras Micah subía a la tarima, iba francamente aterrado.  Siempre que se enfrentaba a un animal para domarlo, el nerviosismo se apoderaba de él, pero esta vez era terror lo que lo dominaba.  Los ojos sin vida del tiburón lo habían alterado mucho.

Se paró sobre la piscina mientras el presentador daba su introducción.  Sentía que le faltaba el aire, y que el corazón se le saldría del pecho.  Sabía que era absurdo, y que no corría realmente peligro, pero no conseguía calmarse.  No paraba de darle vueltas en la cabeza al hecho de que, si seguía así, se desmayaría o le daría un infarto.

Justo cuando la presentación terminó, y la muchedumbre inició un ensordecedor aplauso, Micah consiguió su centro.  Había hecho esto muchas veces, y sus fanáticos estaban ahí por él.  Era el encantador de bestias, dominador de monstruos, y este era solo un animal más.  No dejaría que el tiburón lo derrotara, y mucho menos antes de su pelea.

Para cuando se lanzó al agua, ya se había calmado.  Ya no sentía terror.

Por ende, el tiburón tampoco.

Enterraron parte de su torso, y una de sus piernas, que fue lo único que el tiburón dejó sin despedazar.

jueves, 9 de septiembre de 2021

Día de lanzamiento


Poco a poco, Esperanza despertó.

Se sentó en su cama, aún adormilada, mientras poco a poco la conciencia volvía a ella, y con ello, el recuerdo del día que era.

Un chispazo de energía la recorrió al recordar la fecha, y de inmediato se levantó de la cama.  Ducha, ropa, comida: en pocos minutos salió de su casa, mochila al hombro, y corrió a la base central.

Hoy era el día del lanzamiento.

La ciudad estaba, como siempre, atestada.  La población se reproducía y reproducía, y no habia suficientes recursos ni espacio para mantenerlos a todos.  Fue precisamente la sobrepoblación lo que hizo que los lanzamientos se hicieran realidad: lanzar naves a través del agujero, buscando mundos habitables y sustentables, a donde mover a todos.

Saludó al guardia de la base, quien la dejó entrar sin detenerla para revisar sus credenciales: sabía quién era la Capitana del lanzamiento de ese día, por supuesto.  De hecho, la mitad de la base lo sabía: a medida que Esperanza se acercaba a su destino, multitud de operadores la saludaban con una inclinación de cabeza, una sonrisa, o incluso algún abrazo.

Al llegar a la habitación de control, ya su equipo estaba presente, vistiéndose con el uniforme de viaje.  El nerviosismo era notorio, pues esta misión ya no era un simulacro, sino un lanzamiento real: algunos reían, otros callaban perdidos en sus pensamientos, pero todos tenían lo mismo en la mente.

Era el día del lanzamiento.

Las horas pasaron como segundos: todos terminaron de equiparse, revisaron una última vez el plan de vuelo, disfrutaron de un último brindis, y abordaron su nave, donde comenzaron los chequeos de rutina antes de cada vuelo.  Como era de esperar, todo estaba perfecto.

Poco a poco, los voluntarios abordaron también la nave.  Numerosas familias e individuos que se ofrecieron para formar parte del lanzamiento, y buscar fundar colonias en los mundos a donde la misión los llevara.

Esperanza se relajó mientras el abordaje terminaba, y revisó en sus pantallas la primera etapa de su viaje, la única conocida: el agujero...

"θ Sutaem-44", o "el agujero", como era conocido coloquialmente, era un portal, una especie de agujero de gusano, que aún no alcanzaban a comprender del todo.  Era el único camino viable para poder salir del espacio conocido, y la verdad, no terminaban de entender a dónde los llevaría...  Pero sabían que era la esperanza que podía brindarles un futuro.

El agujero llenaba a Esperanza de alegría y aprensión: podía ser la salvación de su gente, o podía ser una trampa sin retorno.  No habían sabido nada aún de las misiones previas que lo habían atravesado, pero detener la exploración no era opción: la ciudad, simplemente, no soportaba más población.

Al final, la hora del lanzamiento llegó... Esperanza ocupó su lugar: como capitana de la nave tenía a su cargo la operación de la misma, desde su despliegue, hasta atravesar el agujero, hasta su destino final, la aventura que hoy iniciaba.

La capitana dió la orden de encender los motores, y comenzó su aviso por los parlantes de la nave, indicando a todos los pasajeros que ocuparan sus asientos y ajustaran sus cinturones.  Con una gran vibración, la nave comenzó a elevarse, primero lentamente, como con pereza de romper los amarres que la mantenían en el suelo, y luego ganando cada vez más y más velocidad, adentrándose en el cielo, en el espacio, y por último en el agujero.

En la cabina, la tripulación revisaba los instrumentos, con la precipitada exactitud que brindan las horas de práctica, asegurando el curso de la nave.  Un silencio sepulcral, solo roto por el grave retumbar de los motores, los absorbió, a la vez que se adentraban en el agujero.

Esperanza distinguió la luz al otro lado, y aguantando la respiración, mantuvo firme el rumbo...

* * * 

- AAAARGH!!!

Con un sonoro gemido, Esteban eyaculó.

Respiró unos momentos y luego se lavó las manos y el pene en el lavamanos, así como las salpicaduras que había hecho en el suelo, subió sus pantalones, y continuó con su día.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Feliz cumpleaños 16


Hay para quienes los cumpleaños no significan nada.  La tierra dió una vuelta más al sol, y ya.  Qué hay de especial en eso?

Pero la verdad es que cada cumpleaños es especial, y eso recuérdalo siempre.

Cada cumpleaños es un ciclo más, es un período de vida en el cual has crecido, has aprendido, has vivido, has disfrutado.  Es un capítulo más en la historia más importante de tu vida: la tuya.  Es un nivel más que has ganado, con nuevos skills. :D

Algún día mirarás hacia atrás y verás con añoranza los años que han pasado.  Ya no serás un niño, sino que verás a tu niño crecer, como estoy haciendo yo ahora, viéndote convertirte poco a poco en un hombre.  Y no podría estar más contento de verte hacerlo.

A veces me pesa ver lo grande que eres, darme cuenta de que ya no cabes en un muslo mío, o que ya no te sorprendes por todo al verlo por primera vez.  A veces me pesa no contarte ya cuentos para dormir, como lo hacía cuando eras más pequeño, y me pedías hasta el cansancio que te contara el mismo una y otra vez, igual que hacías con las películas, los juegos, y cualquier otra cosa que te gustara. :)

Siempre me pesa no estar contigo cada día, sabes? Y hoy me pesó el doble.

Pero aunque no esté cada día a tu lado físicamente, estate seguro de que siempre, siempre, tienes mi corazón y mi pensamiento acompañándote.  No hay un día que no piense en tí, que no me alegre de tenerte en mi vida, que no quiera protegerte de todo, que no me alegre de verte crecer mientras al mismo tiempo me entristece la nostalgia del bebé que eras. 

Te lo he dicho antes, y te lo repito ahora: te amoquiadoro yo más que tú a mí, y cuando tengas un hijo, cuando pases noches sin dormir cuidándolo, cuando lo veas crecer poco a poco, cuando vivas por sus risas y mueras un poco por sus lágrimas, te darás cuenta de que siempre tuve yo razón. :)

Valora cada día, valora cada amistad que tengas, y valora cada momento que pases con tu familia, porque los momentos son muchísimos, pero no infinitos.  Asegúrate siempre de acostarte siendo una mejor persona que al levantarte, siempre habiendo hecho bien a alguien, siempre habiendo aprendido algo, y sobre todo, siempre habiendo abrazado y besado a aquellos a los que amas, y que te aman.

Espero que hayas pasado el mejor de los cumpleaños, mi vida, y que disfrutes de muchos, muchos más, siempre con salud y felicidad en ellos. 

Te amoquiadoro más que a la vida. :)  Feliz cumpleaños, buenas noches, y que Dios te bendiga hoy y siempre.

:*

martes, 13 de julio de 2021

Seguimos siendo niños?


Un compañero de rol compartió hoy, en el chat grupal donde normalmente nos comunicamos, este meme: 



Traduciría algo así como "Las sillas de bebé para carro y las sillas gamer son lo mismo".  El compañero lo compartió como chiste, y con el comentario "probablemente hiera alguna sensibilidad", lo cual seguramente es cierto. XD

Pero en mi caso en particular, me pareció de los más apropiado, y hasta me llenó de orgullo.

Hace ya tiempo publiqué un post donde hacía una reflexión parecida a la que hoy pensé: que si logro disfrutar la vida como lo hacen los niños, viendo todo por primera vez, disfrutando nuestros juegos, siendo inocentes, riéndonos con ganas y desde el corazón, entonces habré vivido una buena vida.

Esta ha sido una reflexión que me ha acompañado toda la vida, porque siempre he sido el raro, el nerd, el infantil.  Para mí una fiesta perfecta no es en una discoteca, sino en casa de alguien jugando juegos de mesa, juegos de rol, videojuegos, o simplemente pasar horas discutiendo sobre la lógica de una escena aparecida en algún anime, o sobre si los Gatedráticos del Ritmo son una buena serie o no...

(Gracias a Dios que he tenido la suerte de contar con famigos, porque son familia y amigos, con quienes compartir estos momentos).

(Y ojalá el término "famigos" se haga trending, y me haga famoso!  Lo leíste primero en Las Tierras Oscuras! XD).

Y es que una cosa es disfrutar como un niño, y otra muy distinta ser irresponsable.  De los famigos que nombro arriba, la gran mayoría son personas espectaculares, profesionales exitosos, padres ejemplares... todo eso mientras juegan videojuegos y juegos de mesa, discuten tramas de comiquitas, e invierten su dinero en juguetes.

(Saben que todos, en este momento, están cantando en su mente la tonadita de Tik Tok de "soy un adulto independienteeee!". XD)

Por qué debo invertir mis noches en tomar alcohol, o solo tener permitido jugar al 5 y 6 (caballos), para ser un adulto responsable?  Por qué dejar de maravillarnos, de compartir, de reír y jugar como niños?

En internet consigues mucho frases similares a "Envejecer es obligatorio...  Madurar es opcional".  Si bien estoy de acuerdo con la idea de la frase, no comparto el como está escrita, puesto que la meta no es ser inmaduro, ser irresponsable, sino saber equilibrar ambas caras de la moneda.

La verdad, creo que nadie lo he resumido mejor que Jim Carrey (si es que la frase es de él, que no he conseguido algún video original, e Internet es especialista en asignar autorías a quien no las tiene, pero bueno, lo importante es el mensaje).  Cierro el post con ese regalo: 



No dejamos de jugar porque envejecemos, envejecemos porque dejamos de jugar. -- George Bernard Shaw (leído en Leo Weblog)