domingo, 16 de agosto de 2009

Al margen de la ley...


Los seres humanos tenemos una esperanza de vida relativamente corta, sólo de 70 u 80 años -si tenemos mucha buena suerte-. A pesar de que en principio eso suena como mucho tiempo, a medida que pasan los años nos vamos dando cuenta de que, en realidad, no es tanto como pensábamos.

"80 años para hacer un impacto. 80 años para encontrar lo que buscamos. 80 años para llenar nuestras vidas con todo el disfrute, amor y alegría que podamos. Es un corto tiempo, es una eternidad".

En ese tiempo, cada uno de nosotros deberá decidir qué camino seguir, qué decisiones tomar, para cumplir con nuestros deseos, metas, destinos, o como quieran llamarlo. Algunas las tomaremos sin darnos cuenta de lo que hacemos, o de la importancia que tendrá en nuestra vida futura, como cuando decidimos entrar a una universidad o a otra -muchas veces, por las razones erradas-.

Otras decisiones serán un poco más grandes o más notorias. Cualquiera que se haya casado, o haya decidido tener un hijo, sabrá a qué me refiero. Sin embargo, estas decisiones, a pesar de lo grandes que son, son decisiones "normales", pasos que se espera que todos demos en un momento o en otro, por lo que muchas veces pasan por debajo de la mesa.

Hay otro tipo de decisiones que no sólo son grandotas, feas y con dientes, sino que además son tan raras y escasas que causan más ruido del esperado. Estas son las decisiones que debiste tomar antes de irte del país, dejando atrás a tu gente y a tu vida, en busca de un futuro que -esperas- sea mejor que tu presente.

Todos aquellos que han salido del país han sufrido en su momento esa dolorosa certeza de lo que dejan atrás, y la desesperante incertidumbre de lo que no saben si conseguirán o no. Todos han invertido tiempo en estudiar los pro y los contra de esa decisión. Y al final, sin importar cuánto lo hayan meditado, o por cuánto tiempo, todos salen del país llenos de alegría y ansiedad, de temor y de dolor, en la misma medida.

Para algunos, su sueño se cumplirá. Para otros, sólo será la entrada a una pesadilla. Pero no puedes saber qué te toca -sueño, pesadilla- hasta que te has ido a dormir.

Hace más de cincuenta años mi familia tomó la decisión de abandonar a su gente, a su país, a su vida, y venirse a un prometedor país, lleno de esperanzas y oportunidades: Venezuela. Pero hoy, este país, mi país, tu país, ya no es el mismo país. Ya no tiene las mismas esperanzas, y de seguro tampoco las mismas oportunidades. Al contrario, el panorama está negro, y se pinta cada vez más negro aún.

Hoy por hoy, yo lucho con la idea de irme de aquí buscando algo más. Por cómodo, por cobarde, por niñato, por soñador, por idiota, por mal estratega, por todo eso y por mil razones más, me resisto a irme -como tantos otros antes que yo- de un país que promete tratarnos cada vez peor, a pesar de tener las oportunidades y las razones para hacerlo.

La última de estas razones es la aprobación de la nueva Ley de Educación.

Para los que no están al tanto, por perdidos o por internacionales, esta nueva ley -aprobada, con reservas y peticiones de cambios hace algunos días, pero aprobada al fin y al cabo- pretende substituir a la que ha estado en vigencia desde finales de siglo pasado, trayendo varios cambios: desde más días de clase (al menos, doscientos al año), que en verdad me parece bien, hasta varios desvaríos que, a la vista de las actitudes de aquellos en el gobierno, aterran a todos aquellos que tendremos que sufrir esta ley en la carne de nuestros hijos.

En resumen, y de acuerdo a lo que me quedó al leer la ley -reconozco, eso sí, que la leí con muchas preconcepciones en contra a la misma-, los cambios incluyen que ahora la educación responderá únicamente a los intereses del Estado, no de la familia o del individuo -es decir, se enseñará lo que el Estado desee, como desee, y eso será legal-; ahora el Estado -perdón, la Comunidad- tiene control administrativo sobre los planteles -privados o no-, manejando qué gastar y cómo; ahora la educación no tendrá ningún aspecto religioso, quedando la enseñanza de la religión únicamente para el hogar -adiós a mi colegio-, aún cuando eso va en contra de la Constitución; el Estado decidirá unilateralmente qué universidades podrán pensar y cuáles no -sí, en serio, no es broma-, o cuáles darán qué carreras; y paren de contar...

Una ley que, a pesar de que el gobierno siempre ha mantenido que no cambiará los contenidos dados hasta ahora -para qué, entonces, cambiar la ley vigente?-, eliminará la enseñanza del idioma inglés, substituyéndola por alguna lengua indígena. Seamos claros, no tengo nada en contra de aprender wayúu, pero si los venezolanos dejamos de aprender inglés, perderemos gran parte la poca competitividad que podamos tener em la actualidad en el mercado internacional.

Enséñanos portugués, para poder hablar con nuestros vecinos en Brasil. Enséñanos francés, para leer a los grandes pensadores. Enséñanos italiano o alemán, para competir en la Unión Europea. Diantres, enséñanos latín, arameo o élfico, que seguro que nos va a ser más útil que una lengua aborigen hablada por solo medio millón de personas en todo el mundo!

Nos gobierna un gobierno que busca que seamos cada vez más retrógrados, menos abiertos, menos competitivos. Un gobierno que no sólo vive de la producción de productos básicos -sí, como el petróleo- en lugar de especializarse en productos más elaborados que brinden menos depéndencia y mayores ingresos. Un gobierno que jura que aprender wayúu va a hacer, en verdad, algún bienestar a nuestro país.

Para este gobierno, dar nuestra opinión en contra de una ley como esa, equivale a ser unos terroristas -gracias por permitirnos ser críticos, tal y como anuncian que podremos ser mañana-. Si tememos que nos quiten a nuestros hijos, merecemos ser encarcelados.

Diría que ya uno no sabe si reir o llorar al pensar en este tipo de cosas, pero eso es falso. Ya el tiempo de la incredulidad pasó, y tenemos que aceptar que el país tiene nuevo dueño. Un dueño que opina que "La sabiduría popular sobrepasa los saberes académicos" -traduzco: la educación organizada vale media mierda. Para qué estudiar?-.

Todos somos diferentes, y todos debemos buscar nuestro propío camino para vivir nuestras vidas. Algunos deciden, queriendo o sin querer, seguir la corriente. Otros buscan hacer la diferencia, a mayor o menor nivel...

Mi miedo es por aquellos que están haciendo la diferencia en este país, pues me parece que están terríblemente equivocados, y que cuando se den cuenta -si es que lo llegan a notar alguna vez-, ya será demasiado tarde para todos nosotros...


80 años para hacer un impacto. 80 años para encontrar lo que buscamos. 80 años para llenar nuestras vidas con todo el disfrute, amor y alegría que podamos. Es un corto tiempo, es una eternidad. -- Least I could do (Things Change)

Cuando eres chico la palabra amante te suena a blasfemia. Si por ahí le escuchas a tu mamá decir que tu papá tiene una amante, le coges tirria a tu viejo. Pero cuando creces y te das cuenta de que las relaciones humanas son tan volubles, los afectos tan diversos, y los matrimonios tan frágiles, una palabra como esa ya no te parece una ofensa. -- Busco Novia (Quédate en mi cama)

La sabiduría popular sobrepasa los saberes académicos. -- María de Queipo, Asamble Nacional.

Cuando era un chico de catorce años, mi padre era tan ignorante que a duras penas podía yo soportar tenerlo a mi lado. Pero cuando llegué a los veintiuno, quedé sorprendido de cuántas cosas había él aprendido en siete años. -- Mark Twain

2 comentarios:

moni dijo...

Nuevamente me quito el sombrero y hago una reverencia ante ti.

Len dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=C_HpACFSVqw