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viernes, 6 de enero de 2017

Los mejores reyes


Una vez vi a los Reyes Magos. No eran tres, eran dos y eran los mejores magos que vi en mi vida. Se las arreglaban para que siempre hubiera algo en los zapatos, lo mínimo, lo que fuere. Aunque no hubiera nada, ellos lograban que haya lo que para nosotros era todo.

El tercero nunca lo vi, pero seguro que lo dejaban cuidando los camellos. Nunca, nunca olvidaré a los dos reyes magos que vi. Seguro que ustedes también lo vieron y saben quiénes son, y saben que son más magos que reyes.

Si dejaron de creer, si esta noche no ponen los zapatos, ni el pasto, ni el agua, acérquense a sus reyes, denles un beso en la frente (ustedes saben que los tienen cerca), y los que no los tienen con ustedes, sepan que desde un cielo hermoso siguen viajando para seguir entregando ilusiones y sonrisas…

Agradézcanle la herencia, porque ahora muchos de ustedes se han convertido en reyes y en magos. Y lo mejor que pueden dejarles a sus hijos es esa magia que los convertirán en reyes y en magos…. Y tal vez, dentro de unos años, ustedes recibirán el beso en la frente, y así será hasta el fin de los tiempos…

Feliz noche para los reyes de hoy, para los de ayer, y los reyes del futuro, porque no hay mejor reino que el mágico, ni mejores reyes que ustedes…

--Anónimo

viernes, 15 de enero de 2016

Aún te amo


Donde estés 
creo que es justo que te enteres 
que estoy bien, que sobrevivo,
que vivo en la Calle Amores,
piso 6, cuarto 28,
y que ya no juego al fútbol 
por mi rodilla. 

Que Manuel 
se casó y se fue para España,
que fumo más y duermo menos,
que hasta me dejé la barba,
y sobre todo que te enteres 
que a pesar de tus errores y los míos...

Aún te amo,
no sé si por idiota o por romántico,
no sé si por novato o por nostálgico. 
Aún te amo,
no sé si por iluso o fatalista,
no sé si por cobarde o masoquista,
pero te amo 
y no sé hacer otra cosa más que eso...

Aquí todo sigue igual que antes.
Yo estoy solo como nunca,
por eso escribo la presente
y no pretendo que hagas nada.
Sólo quería asegurarme que supieras que...

Aún te amo,
no sé si por idiota o por romántico,
no sé si por novato o por nostálgico. 
Aún te amo,
no sé si por iluso o fatalista,
no sé si por cobarde o masoquista,
pero te amo 
y no sé hacer otra cosa más que eso...


Letra de "Aún te amo (Carta No. 1), de Ricardo Arjona.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Te voy a querer siempre...


No eran novios, no iban a serlo nunca, no por falta de ganas si no por falta de interés. Se veían a ratos, eran felices en algunos momentos puntuales Uno de ellos solía ser los fines de semana, cuando la veía en alguna fiesta, y casi siempre a las 5 o 6 de la mañana. Buscaban el calor, la pasión,no buscaban amor, ni relación estable, al menos uno de ellos. Él era libre, como el viento, como los pájaros, volaba de un lado a otro y de vez en cuando necesita posarse en algún sitio. A veces buscaba otro calor, otra cama y otras sabanas que no fuera las de ella. Ella era diferente, no necesitaba a nadie más, solo lo necesita a él, le daba igual cuanto durara el amor entre ellos, porque ella se agarro a que el significado de la palabra amor no llegaba a nada más de lo que ellos dos tenían. Ni más ni menos, ratos de pasión y quizás alguna que otra noche completa, pero a la mañana volvía la pesadilla, los mensajes a destiempo, o incluso mensaje sin responder. Ella se enfada, pero lo hacia con ella misma, le volvía a decir que no la volviera a molestar, que si esa era su manera de querer, que no la quisiera. En realidad era mentira, ella deseaba que su móvil volviera a sonar, aunque fuera a las 5 de la mañana. Quiso pensar que no había otra manera de querer. La cosa seguía, pasaban los meses y entre ellos no cambiaba nada, él era de muchas, ella solo de uno.

Le encantaba pasar noches a su lado, lo miraba mientras él dormía, no se explicaba como lo podía querer tanto. Ella sabia que él la quería, pero ese amor loco ella no lo soportaba. Pensó que seria mejor terminar toda esta aventura que la tenia loca, esta vez de verdad. Él le dijo hasta luego y le dio un beso en los labios, como siempre, pero ella sabia que no era un hasta luego, esta vez seria un adiós definitivo, fijo sus ojos en él, lo miró y lo observó hasta que él cerro la puerta. A ella se le derramo una lagrima y entre dientes dijo: ” Esta vez sí. Te voy a querer siempre..”

Llegaron los mensajes de nuevo a las 5 de la mañana, esta vez no había contestación. Comenzaron llamadas y mensajes durante días, seguía sin contestación, incluso llegaron los bloqueos a todo tipo de red social. Pasaron días, incluso varios meses, hasta que se encontraron. Ella temblaba, a él por primera vez se le hizo un nudo en el estomago, la había perdido y esta vez para siempre. Ella le había dado sentido a su vida con amor de verdad. Encontró a quien la sabía cuidar, la sabía querer. Ella no iba a querer nunca más a alguien como lo había querido a él, pero eso es lo que necesitaba en su vida, un amor tranquilo y verdadero y no volver a querer a nadie como lo quiso a él. El sentido de amor de esa relación jamas podría ser sano.

Pasaron los meses y él seguía igual, pero ahora era diferente, porque en todas las mujeres la buscaba a ella, y no la encontraba, se sentía vacío. Se maldijo mil veces por no haber sabido apreciar el amor que ella siempre había sentido hacia él durante años. Caían lagrimas de sus ojos, no se lo podía creer, lloraba por una mujer, lloraba por amor, lloraba por ella. Cogió su móvil, trago saliva y le mando un último mensaje: ” Te echo de menos, y te necesito a mi lado ahora y siempre, nunca pensé que yo dijera esto, pero no soy feliz sin ti a mi lado. Te debí querer menos y quererte mejor, siempre te voy a estar esperando pequeña..”

Y una vez más, no hubo contestación.


(No es mío, y ni sé cómo se llama.  Me llegó de una historia muy parecida, aunque al revés.  No sé de quién es, pero lo saqué de aquí, a nombre de Cyndi Geró).

domingo, 13 de septiembre de 2015

El valioso tiempo de los maduros


Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros. 
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.  
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…
Sin muchas golosinas en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan…
Estoy seguro que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás…


-- Mario de Andrade (Poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño)

lunes, 7 de septiembre de 2015

Salute la familia


Acabo de ver la séptima película de Rápido y Furioso.  Desde que ví la primera, ya tarde, me gustaron, pero no por las carreras y los carros, que eso jamás fue ni será lo mío.  Las amé por Dom, a pesar de que siempre se leía el libreto, y su irrompible fe en la familia, compartan sangre o no.  Las amé por esas parrilladas en las que siempre había un plato más para quien llegara, y porque siempre estuvieron ahí, el uno para el otro.  Las amé porque, hoy y siempre, me recuerdan a mi familia...

Y no puedo dejar de pensar que esta frase aplica a muchas personas, en especial a quienes compartieron conmigo mi última noche en Venezuela:

El dinero viene y va, eso lo sabemos todos...  Lo más importante en la vida siempre será la gente en esta habitación.  Aquí y ahora.  Saludos, mi familia...  No importa dónde estén, a medio kilómetro o al otro lado del mundo, siempre estarán conmigo.


martes, 2 de junio de 2015

La Diana Cazadora


En mi hotel, en mi cama, en mi oscuridad que arropa mi desnudez, siento como tocas mi puerta, y las brumas del sueño me abandonan.

Sin saber si aún sueño o si estoy despierto, recorro la habitación en silencio y abro la puerta para encontrarte ahí, al imposible alcance de mi mano.  Sin una palabra, entras y me besas.

La puerta, cómplice, se cierra y nos envuelve en una soledad que el deseo enciende.

Tu ropa siembra el suelo de la recámara, marcando el camino desde la puerta a nuestra cama, que al fin deja de sentir la soledad del exilio.  Me faltan manos para tocarte, me faltan bocas para besarte, y se que, como siempre, me faltará tiempo para amarte.  Porque todos los sueños terminan antes de darnos cuenta.

Siento tu piel contra mi piel, y dejo que su textura cálida y suave me envuelva.  El dulzor de tu olor, la humedad de tu sudor, me enloquece y me empuja a buscar más allá. 

Calor.  Humedad.  El dulce sabor de tí.

Tu carne trémula se estremece al sentirme, y tu respiración se acelera al ritmo de nuestra pasión.  Te beso todo lo que puedo, mientras nuestro deseo se encarga de guiarnos en un baile sin música.

De pronto, la cama se nos queda pequeña, como tantas veces.  No sé cómo, pero terminamos contra la ventana, ese muro que nos separa de la noche, de la ciudad que no duerme.

Mientras el vidrio se va empañando con el calor de nuestro amor, me fijo en la avenida bajo nosotros, en los carros que rodean la plaza a nuestros pies, sin saber la guerra que nuestros cuerpos están teniendo varios pisos sobre ellos.

Veo la estatua de la plaza, una chica joven inmortalizada, desnuda, como una diosa que caza estrellas, y ese pensamiento me hace acercarme más a tí.

Tú eres mi diosa desnuda, una diosa de carne y hueso.  Tú eres mi cazadora, de la que no puedo ni quiero escapar.  Tú eres mi estatua, una estatua suave y cálida, que adorna mis sueños...

Tus gemidos me encienden, y de repente todo se borra de mis pensamientos.  La calle, los carros, todas las estatuas del resto del mundo, nada importa sino este intérvalo por el que todo vale, esta pequeña muerte que nos hace sentirmos más vivos que nunca, unidos el uno al otro, y unos con el universo.

Nos desplomamos en la cama, entrelazados y cubiertos de nuestro sudor, y nos dormimos respirando el uno el aliento del otro.

Cuando despierto, claro, no estás.  Tu calor y tus aromas aún están conmigo, pero a medida que tomo conciencia de mi soledad, los voy perdiendo.  Y me quedo como siempre que estás conmigo: más solo que antes, y deseando que los sueños duraran para siempre...


A veces creo que he muerto
cuando no estás y yo despierto
porque se que esto ya no es querer 

 -- Letra de Algo más, de La Quinta Estación

sábado, 17 de enero de 2015

Más allá de las fronteras


Todo este tiempo, desde hace tantos años, te he extrañado.  Pero jamás he estado sin tí.  Me he despertado contigo cada mañana, y me he ido a dormir contigo cada noche.  Siempre has estado conmigo.  Tu valentía.  Tu sonrisa.  Tu maldita testarudez!  Jamás ha habido ninguna distancia entre nosotros, y jamás la habrá.  Te amo...

Estoy completamente enamorado de tí; tú estás siempre en mi mente, estás siempre en mi corazón, estás en cada condenado pedazo de mí! 

Créeme...  Si pudiera vivir de nuevo esta vida, jamás me alejaría de tí, ni por un segundo.  Pero perteneces a tu familia, y yo pertenezco aquí.  Y no hay nada que podamos hacer sobre eso!  Porque lo mires como lo mires, alguien saldrá herido.

Pero jamás olvides lo que me tomó una vida aprender: solamente tienes un corazón: sé fiel a él.


-- Traducción libre de algunas frases de "Beyond Borders", una de las películas de Angelina donde más hermosa aparece...  Y que me parte el corazón por muchas razones.

jueves, 16 de octubre de 2014

Morir a lo que se ama


Les comparto el artículo "Morir a lo que se ama", de Carolina Jaimes Branger, publicado el 06/10/2014 en el site runrun.es.  Quizás les saque las mismas lágrimas que a mí...

* * *

Para mi hija Sofía


“Partir es morir un poco” dijo el poeta francés Edmond D´Haracourt y añadió “es morir a lo que se ama”. Por eso irse siempre es difícil.

Pienso en tantos venezolanos que han decidido que es mejor morir a lo que aman que morir a manos del hampa. En quienes pensaron que ciertamente es mejor morir a lo que aman que ser unos “sin futuro”, no importa cuántos títulos universitarios posean. En quienes dignamente decidieron morir a lo que aman y marcharse a trabajar a otro lado, antes de hacer negocios rojos rojísimos, que no solo ensucien sus manos, sino sus conciencias.

Estos venezolanos han hecho sus maletas y se han marchado a otros derroteros a buscar lo que aquí no encontraron. Derroteros de los que probablemente vinieron sus abuelos y sus bisabuelos, cuando Venezuela era el país al que la gente venía, no el país de donde la gente se va. Parece que en esto de las migraciones humanas, el círculo de la vida también se cumple.

Cuando mis hermanos decidieron que querían irse a estudiar a los Estados Unidos, mi papá les hizo una serie de consideraciones para que estuvieran seguros del paso que estaban dando. Recuerdo que les dijo “ustedes de ahora en adelante van a ser ciudadanos del mundo… No van a pertenecer a ningún lado en particular y eso es una decisión dura”…

Tal vez como muchachos de dieciocho y diecinueve años que eran, no entendieron la carga de responsabilidad, compromiso y madurez que conllevaba esa aseveración. Se iban a estudiar, sin saber si se quedaban o regresaban. Cuando uno es tan joven, no sabe qué va a hacer en un par de años.

El “síndrome del exiliado” lo percibo cada vez que hago contacto con personas que se fueron del país. Físicamente están lejos, pero mental y emocionalmente viven aquí. No importa cuán bien, cómodos y seguros estén donde estén. Muchas veces se enteran de cosas que suceden aquí antes que nosotros mismos, pues las ansias de saber, de no despegarse, son inconmensurables.

Y es cuando el sentido de pertenencia se vuelve referencia. Uno pertenece al sitio donde hizo los primeros amigos, donde jugó, donde se llenó de tierra, donde lloró.

Uno pertenece al sitio donde se enamoró por primera vez, donde bailó pegado, donde se dio el primer beso, donde se embarrancó con el primer despecho.

Uno pertenece al sitio donde cantó, donde se rió a carcajadas, donde hizo travesuras, donde lo regañaron, donde se estrelló contra la realidad. Uno pertenece al sitio donde están enterrados sus muertos, donde celebran sus vivos, donde el cielo es azul como en ninguna otra parte. Uno pertenece a sus alegrías, a sus tristezas, a sus recuerdos. A lo que deja atrás, porque lo que queda atrás se ve a través del cristal de los sentimientos. Uno pertenece a las desazones y a las desesperanzas, a los acuerdos y controversias, a lo malo y a lo bueno del lugar donde nació. Por eso irse es morir un poco…


Los aeropuertos internacionales se han convertido en escenarios de desgarradoras escenas de despedidas y de familias divididas. Lo peor es que no ha sido por una guerra, una hambruna, un terremoto o cualquier otra situación desoladora. Ha sido por causa de una “revolución” que ha convencido a la mitad de los venezolanos que lo que no saben, no tienen o no han alcanzado es por culpa de la otra mitad. Por unos ñángaras que han estado toda la vida detrás del poder y que cuando finalmente lo lograron llegaron con sed de venganza, y encima destrozaron y saquearon el país… Solo en eso han tenido éxito. El país está devastado política, económica, social y moralmente.

Cada vez que se va un muchacho, hay un pedazo de patria que se va con él. ¡Pobre del país del que se van sus jóvenes! Se va el futuro, se va el presente… Un país no puede vivir solo de pasado.

“Partir es el último verso de un poema… y hasta el adiós Supremo, es su alma que se siembra, que se siembra en cada adiós… ¡Partir es morir un poco!”…

jueves, 6 de septiembre de 2012

Aprendí y decidí



Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro, decidí triunfar;
decidí no esperar a las oportunidades, sino yo mismo buscarlas;
decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución;
decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis;
decidí ver cada noche como un misterio a resolver;
decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades,
y que en éstas está la única y mejor forma de superarnos;
aquel día dejé de temer a perder.
Y costaba romper la costumbre, pero se pudo.

Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui;
me dejó de importar quién ganara o perdiera:
ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.
Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento:
el amor es una filosofía de vida.

Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados
y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente;
aprendí que de nada sirve ser luz
si no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas...
Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad;
desde aquel día ya no duermo para descansar:
ahora simplemente duermo para soñar.


(Atribuido a Walt Disney).


Algunas veces las personas levantan paredes no para mantener a los otros afuera,
sino para ver a quien le importa lo suficiente como para derrumbarlas.

-- Walt Disney

En este lugar no perdemos demasiado tiempo mirando hacia atrás.
Camina hacia el futuro, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas, sé curioso...
Porque nuestra curiosidad siempre nos conduce por nuevos caminos.

-- Walt Disney

sábado, 28 de julio de 2012

De lo que los héroes están hechos...



- Ahí vienen... -la grave voz de Stoneage, el gigante de piedra, resonó en los pechos del resto de los Centuriones.  Sus compañeros giraron sus rostros hacia el borde de la ciudad, donde, recortados contra el sol del amanecer, se veían numerosos puntos negros.  Todos sabían que cada punto era un mortífero guerrero Nii'krall.

- Bien, chicos, -dijo en voz alta Crux, el líder del equipo- pase lo que pase, ha sido un honor luchar a su lado.  Demostrémosles a estos engendros verdes que Antigua no regala su libertad, sino que la vende a un alto precio!  Todos listos?!?

El equipo quedó en silencio unos segundos, y de repente las risas estallaron, para consternación del estóico Crux.  Supernova, una pinia cuyo poder natural era convertirse en energía pura, lo que le permitía volar y disparar ráfagas de rayos solares, se sentó en el piso con las piernas cruzadas, agarrándose su vientre mientras la risa impedía que hablara.  El pálido cutis azul de Ice Queen, una froispia que generaba y controlaba el hielo, se sonrojó ante sus carcajadas.  Y las estruendosas risas del petraurno Stoneage, tan graves como su voz, hicieron que el suelo temblara bajo sus pies.

- Pero, se puede saber ahora qué dije? -dijo Crux, mientras una sonrisa dudosa asomaba a su rostro.

- Siempre el paladín, siempre el líder, siempre animándonos.  Sabes lo clichés que suenan tus palabras, Crux? -dijo Ice Queen sonriendo tiernamente a su líder, mientras este se sonrojaba...

Solamente Mainframe, el tecnólogo, se mantuvo serio, viendo su scanner de mano. - Lamento traerles malas noticias, chicos, -dijo- pero no solo son más de los que pensábamos, sino que también están atacando la puerta sur y la puerta norte.

Las risas se apagaron por completo.  Quizás podrían separarse en dos grupos y tratar de contenerlos en dos de las puertas de acceso colocadas en las murallas que rodeaban a la ciudad de Antigua, pero no podrían dividirse en tres grupos y pretender soportar el ataque por más de unos minutos.  Si ya los números eran desoladores, a pesar de la ventaja de la posición y de la valentía de la población neutra de la ciudad, sabían que era la presencia meta-humana la que podría inclinar la balanza hacia la supervivencia.

- Pues que así sea -dijo Crux- Stoneage y Ice Queen, quédense aquí y defiendan esta puerta lo mejor que puedan.  Nova y yo iremos a la puerta sur.  Mainframe, confío en que tú y tus máquinas puedan soportar en la puerta norte, con ayuda de la población, al menos hasta que alguno de nosotros se libere.  Somos los que somos, y estamos los que estamos.  Y ahora, a moverse, rápido!

Crux se giró, y a punto estuvo de chocar contra Hurricane.  El velocista, enfundado en su traje azul eléctrico, estaba de pie frente a él, con los brazos cruzados.  Nadie lo vió llegar, pero eso no era extraño, pues Hurricane poseía la capacidad de moverse a, al menos, velocidades supersónicas, lo que le había permitido en el pasado cometer no pocos robos (algunas veces, más de uno a la vez!).

- Acaso no son suficientes problemas con los Nii'krall?!? Qué demonios quieres ahora, ladrón? -gritó Stoneage.

- Cállate, pedrusco -dijo Hurricane mientras una sombra los cubría- que no estamos aquí para patearles el trasero a ustedes.

Los Centuriones levantaron sus miradas, y vieron un dragón negro descendiendo a escasos metros de ellos.  Cuando la criatura se posó en el suelo, una figura colorida, pequeña como una joven quinceañera, y con un enorme martillo en la mano, saltó al suelo.  Momentos después, la figura del dragón comenzó a temblar y reducirse, hasta compactarse en un cuerpo humano de medidas normales, completamente vestido de negro.

- Primero Hurricane, y ahora Strombollina y Darkness -gruñó Crux-.  Qué demonios quieren?

- Lo mismo que ustedes, -dijo Hurricane-, defender la ciudad.

- Vivimos aquí! -dijo Strombollina con su chillona voz, mientras golpeaba el suelo con la cabeza de su martillo, en un claro gesto de frustración- Somos ladrones, pero una cosa es robar alguna cosilla de vez en cuando para lucirla, y otra es que estos come mocos de otro planeta vengan a querer destruir nuestra ciudad!!!

- Por qué habríamos de confiar en ustedes, si se puede saber? -dijo Mainframe.

- Sencillo: -habló con voz pausada la figura de negro- no tienen ninguna otra opción.

Todos los meta-humanos se miraron por unos segundos, sopesando sus opciones.  Tanto los de un lado de la ley como los del otro habían luchado numerosas veces unos contra otros, pero tenía sentido que un enemigo en común los dirigiera al mismo objetivo, al menos temporalmente?  El enemigo de nuestro enemigo es nuestro amigo?

- Bien, -dijo Crux- equipo, parece que tenemos algunos miembros honorarios, al menos por el momento...  Stoneage, tú y Darkness cubrirán esta puerta: sus niveles de poder deberían bastar para que ningún Nii'krall ponga un pie en la ciudad.  Supernova, tú y Strombollina vienen conmigo a la puerta sur.  Ice Queen y Mainframe, a la norte.  Hurricane, nominalmente vas con ellos, pero usa tu velocidad para ir de una a otra puerta, y ayudar donde seas más necesario.

- Te gusta mandar, eh? -dijo Hurricane, ajustándose sus lentes especiales.  Crux no tuvo tiempo de responder, pues ya el velocista había cargado a Ice Queen y había desaparecido corriendo; Mainframe activó sus propulsores y voló tras ellos.  Supernova agarró a Crux y a Strombollina con cada mano, y voló en dirección a su puerta, dejando solos al guerrero de piedra y al hombre de sombras.  Ya los gritos de los invasores se escuchaban en las cercanías...

- Bueno, es hora de golpear!  Bien, sombrita -dijo Stoneage mientras sonaba ruidosamente sus pétreos nudillos- no trates de atacarme por la espalda, y trataré de no hacerte daño, de acuerdo?

- De acuerdo, -dijo Darkness, mientras cambiaba otra vez de forma, convirtiéndose en un humanoide de tres metros de alto, con largas garras saliendo de sus dedos- eso será fácil: estaré siempre por delante tuyo!

Sin decirse nada más, y con una feroz sonrisa en sus rostros, ambos guerreros se lanzaron de cabeza a la multitud enemiga, y la sangre verdosa de los Nii'krall pronto tiñó el camino hacia Antigua.


Los grandes héroes necesitan tragedias y problemas, o la mitad de su grandeza dejaría de ser notada.  Todo eso es también parte del cuento de hadas. -- Peter S. Beagle (The Last Unicorn)

Los héroes no necesitan ser más valientes que todas las demás personas.  Ellos solo necesitan mantener su valentía por cinco minutos más. -- Ronald Reagan / Ralph Waldo Emerson

Un héroe.  Quieres ser uno de esos extraños seres humanos que hacen la historia, en lugar de simplemente mirarla fluir alrededor de ellos como agua alrededor de una roca. -- Dan Simmons (Endymion)

Cualquiera que haga cualquier cosa para ayudar a un niño en su vida es un héroe para mí. -- Fred Rogers

viernes, 6 de julio de 2012

El baile del soltero



La chica a la que amo es
como un buen vino beber,
que va mejorando siempre
un poco cada amanecer.


Traducción libre hecha por Gorka Siverio, de un poema inventado por Danny Rubin, basado en una canción francesa de Jacques Brel llamada "Bachelor's Dance", que ví en una película americana una vez, y otra vez, y otra vez...

El universo está hecho de historias, no de átomos. -- Muriel Rukeyser

jueves, 21 de junio de 2012

Inside my head...



"Mi vida es mucho más interesante
dentro de mi cabeza"


No vivas dando tantas explicaciones; 
tus amigos no las necesitan, 
tus enemigos no las creen, 
y los estúpidos no las entienden.

Tengo la absoluta confianza de que no estoy en segundo lugar, 
pero tengo también suficiente inteligencia para darme cuenta de que no puede haber un primer lugar.
-- Bruce Lee

domingo, 8 de abril de 2012

Qué es eso?



Qué es eso que hala de un hombre en muchas direcciones a la vez, pero que al mismo tiempo también mantiene unidas todas las partes de un hombre?

Qué es eso que causa que un hombre deba luchar cada día de su vida, pero aún así desee seguir adelante, esperando que algo bueno esté esperando por él a la vuelta de la esquina?

Qué es eso que hace a un hombre desear hacer el bien, quizás por primera vez, sin importar quien pueda estar mirándolo y quien pueda criticarlo por ello?

Qué es eso que hace que un hombre cause dolor a otros, quizás sin saberlo, y ni siquiera trate de disculparse o de arreglar los males que causó?

Qué es eso que convierte un demonio en un ángel, y un ángel en un demonio?  O que atrae uno al otro?  Qué es eso que hace que un demonio sea aún más malvado?

Qué es eso que hace que un hombre actúe de formas que jamás habría pensado posibles?  Qué es eso que le hace hacer cosas que jamás había hecho antes?

Qué es eso que le causa a un hombre un dolor tan profundo y tan intenso como para hacerle sentir que no puede continuar, y que no es más que un pequeño ser indefenso?

Qué es eso que hace que incluso los hombres más poderosos lloren, volviéndolos más humildes de lo que podrían haber jamás imaginado?

Qué es eso que hala de un hombre en muchas direcciones a la vez, pero que al mismo tiempo también mantiene unidas todas las partes de un hombre?

Es su alma.

Es el alma de de un hombre lo que le hace continuar.  Es el alma de un hombre lo que le sostiene.  Es el alma de un hombre lo que le hace el hombre que es.  Es el alma de un hombre lo que le mantiene completo, pero al mismo tiempo es la primera cosa que lo puede destrozar.

Y, sin importar que sea buena o mala, o una combinación de ambas, ningún hombre puede resistir a los susurros o escapar de las exigencias de su alma.


(Traducción más o menos libre de un par de versiones de este escrito.  No sé cuál es el original, o de quién: si alguien sabe, avise)

miércoles, 28 de marzo de 2012

La determinación de un hombre



Sería agradable decir que Morbridae cayó sobre el suelo con la agilidad que le caracterizaba, pero la verdad es que aterrizó toscamente en el mismo, y su cara fue la que llevó la peor parte.  Hay que aclarar sin embargo, en pro de la justicia, que no estaba teniendo uno de sus mejores días, y que sus manos estaban atadas a su espalda.

El Rey Albor lo miró desde su trono de campaña, con el ceño fruncido.  El hombre que estaba en el piso ante él, sangrando por la boca y tosiendo por el polvo que había tragado, había sido encontrado en los alrededores del campamento principal de su ejército.  Claramente, era un espía de esa alimaña rastrera de Creextur.

- Y bien -dijo el soberano-, háblame, basura, antes de que te decapite.  Qué órdenes te dió ese engendro de Creextur?  Espiarnos?  Asesinarme?  HABLA!

Morb se arrodilló a duras penas sobre el sucio suelo de la tienda del rey, y escupió un buche de sangre. - Sirvo tan poco a ese idiota de Creextur como a usted, majestad.  No pertenezco a nadie, ni a Ieud ni a Lavitria, ni le debo nada a nadie.  Soy mi propio dueño, y no vine a su campamento ni a espiarlo ni a asesinarlo, téngalo por seguro.

El rey miró a un lado de la entrada de la tienda, donde Xratos, su mago de cabecera, se encontraba entre las sombras.  El hechicero miró a su rey, e hizo un leve gesto de asentimiento con su cabeza: el reo estaba diciendo la verdad.

Cuando el rey volvió a hablar, lo hizo con un tono menos duro, aunque aún distaba mucho de ser amistoso. - Estás en una zona peligrosa, amigo: zona de guerra.  Y si no eres una alimaña de Creextur, entonces eres un idiota de remate.  Sin embargo, si no eres habitante de Lavitria, no eres enemigo mío.  Al menos -agregó con una pausa teatral- no de inmediato.  Qué demonios haces en esta tierra de nadie?

Morbridae se arriesgó a mirar al rey a la cara, y le contestó: - Vengo a ofrecerle un trato, Rey Albor.  Vengo a ofrecerle una idea que acabará con esta guerra de una vez por todas.  Escúcheme, y le garantizo que para mañana mismo toda pelea se acabará, con el mínimo derramamiento de sangre.

El rey a punto estuvo de morirse de la risa, pero al mirar de reojo a Xratos, y ver que el mago volvía a asentir levemente, sintió que un escalofrío le recorría su columna vertebral.  El extraño quizás estuviera loco, pero el mago le garantizaba que no mentía!

- Qué tienes en mente?  Ayúdame a ganar, y te daré más tesoros de los que imaginas!

- No quiero sus tesoros -contestó Morb, aún en el piso-.  Pero aún así le ayudaré.  Me repugna la matanza innecesaria.  Escúcheme, confíe en mí, y le aseguro que Creextur no será quien salga victorioso de esta guerra.

Otro leve asentimiento de su hechicero terminó de convencer al rey. - Habla.  Qué tienes en mente?

- Un combate ejemplar. -dijo el hombre arrodillado, sonriendo...

* * * 

Hacía poco tiempo que acababa de salir el sol en el campo de batalla, pero ya el astro iluminaba todo el valle.  A un lado, el ejército de Ieud, envuelto en ropajes y estandartes negros y verdes, esperaba.  Al otro lado, el ejército de Lavitria, de colores azul y plateado, esperaba.  Al centro exacto de los dos ejércitos, a unos cincuenta metros de cada una de las líneas enemigas, una tienda abierta por los cuatro lados se levantaba, coronada por una bandera blanca.  En ella estaban los reyes Albor y Creextur, cada uno con su hechicero de confianza y un pequeño séquito, que también esperaba.  En la mesa que estaba en el medio de la tienda, además de los reyes, se encontraba un juez imparcial, Morbridae, terminando de leer el documento que había escrito durante la noche.

- "...de esta forma, los abajo firmantes, representantes cada quien de su patria y bando, nos comprometemos, por nuestro honor, a elegir un campeón que nos represente para que batalle por nosotros, y a aceptar que, al finalizar dicho combate, tanto nosotros como los nuestros respetaremos que el campeón que siga vivo indicará qué bando habrá ganado la guerra.  Todos aquellos cuyo campeón haya muerto, sin importar que sean gobernante o gobernado, jurarán lealtad a aquel cuyo campeón siga vivo, y pondrá sus ejércitos, tierras y tesoros a su disposición, para que los mismos sean manejados como mejor le parezca al ganador...".

Mientras leía, los reyes se miraban con odio.  Había requerido mucho trabajo que Creextur aceptara dialogar con Albor, pero una vez que la reunión se dió, el monarca de Lavitria había aceptado rápidamente la solución del combate ejemplar.  Esta guerra ya le había costado demasiado dinero y soldados, y si seguía más tiempo alejado de sus dominios, su control podía comenzar a tambalearse.

Ambos habían elegido a sus mejores guerreros para representarlos.  El campeón de Ieud era un gigante guerrero sin un solo vello en su cuerpo, venido de las montañas, que luchaba con un enorme hacha doble, mientras que el campeón de Lavitria era un inmenso luchador de piel azabache, nativo de las costas de su país, que luchaba con un extraño tridente.  Ambos medían cerca de dos metros, y tenían los enormes músculos cruzados por numerosas cicatrices, que narraban todas las batallas a las que habían sobrevivido.

Morb levantó la mirada hacia los reyes, observando sus miradas, y dijo con una media sonrisa: - En la antigüedad, eran los propios monarcas quienes luchaban en estos combates.  Dichosos ustedes que tienen la posibilidad de elegir campeones.  Yo, ya ven, soy mi propio campeón.  Supongo que eso es lo maravilloso de ser rey.  Ahora, sus majestades, si por favor sellamos el pacto...

Ambos reyes, uno tras otro, colocaron su firma en el documento; luego se hicieron un leve corte en el pulgar derecho, y lo estamparon sobre su firma.  El documento pareció absorber la sangre, indicativo de que el geas que los hechiceros de ambos países habían lanzado en conjunto sobre el mismo funcionaba: ahora los reyes no estaban solamente atados al pacto por su palabra y por su honor: la magia había sellado el pacto, y si lo incumplían, sus propias vidas estarían en juego.

- Vayan ahora -dijo el recién nombrado juez-, y preparen a su gente.  La batalla comenzará en cinco minutos...

Los gobernantes y representantes de ambos reinos salieron de la tienda, y se dirigieron a sus ejércitos.  En ambos lados, ambos reyes dieron discursos cuya misión era la de levantar la moral de su ejército, y apoyar a sus campeones.  De casi todas las gargantas del valle surgieron gritos de batalla.

Solamente una garganta estaba en silencio: en el centro del valle, donde se realizaría el combate, Morbridae permanecía observando, pensativo, el pergamino del pacto...

* * * 

Los campeones se acercaron lentamente uno al otro, cada uno empuñando su terrible arma, con todos sus músculos en tensión.  Ambos sabían que el futuro de su reino estaba en sus manos, en sus armas, en su habilidad como guerreros.  Eran seres preparados para la lucha, que habían matado incontables veces.

Se hallaban en su elemento.

Moviéndose alrededor estaba Morbridae, aún en su papel de juez.  Mantenía sus espadas desenvainadas, preparado ante cualquier cosa que pasara en la lucha.  Su misión, de cara a todos, era asegurarse de que la misma fuera justa; de cara al Rey Albor, se encargaría de que el campeón de Lavitria no resultada vencedor, pasara lo que pasara...

De acuerdo a una invisible señal, ambos guerreros se abalanzaron uno contra otro.  Las armas chocaron con un estruendo que derribó a los jinetes más cercanos de sus sillas, lanzando chispas que iluminaron el día.  Los golpes siguieron en rápida sucesión, cada uno más terrible que el otro; golpes que podrían haber cortado árboles centenarios de un solo tajo, o haber atravesado montañas de lado a lado.  Sin embargo, los poderosos guerreros paraban y contraatacaban, detenían y volvían al ataque, sin tregua, sin descanso, sin cuartel.

Pasaron minutos, pasaron horas, y el combate continuaba.  El cuerpo de ambos combatientes estaba lleno de heridas que habrían bastado para matar a hombres menos valerosos y poderosos, pero los dos titanes continúaban batallando sin dar muestras de fatiga ni de piedad.  Algunos de los guerreros de ambos ejércitos habían muerto, incapaces de soportar una lucha tan encarnizada aunque no participaran en ella, y otros estaban jurándose que tendrían hijos solamente para poder contarles a sus nietos alguna vez que habían observado esta legendaria batalla...

Sin embargo, al final, todo acaba: ambos guerreros lanzaron un ataque increíble, y ambos hirieron a su objetivo: el tridente del Lavitriano atravesó al montañés por el pecho, mientras que un mandoble espectacular del Ieudiano alcanzó de lleno al costeño en el abdomen.

Ambos guerreros se quedaron inmóviles, mirándose a la cara, en parte sorprendidos por haber sido heridos, y en parte extasiados de haber encontrado un enemigo digno.  Tras unos instantes, el guerrero de piel oscura cayó al suelo, muerto, mientras que el Ieudiano, sacando fuerzas de donde no las había, y aún con el tridente clavado en su pecho, levantó al cielo su hacha, y lanzó un temible grito de guerra.

En ese momento, Morbridae se acercó a él, y por la espalda, le cortó la cabeza, acallando su grito.

El silencio se hizo en el valle por unos instantes, y luego una atronadora cacofonía de voces se alzó al unísono.  Ambos reyes corrieron hacia el centro, seguido de sus magos y consejeros de confianza, mientras que los capitanes de cada ejército trataban de mantener la disciplina para evitar una masacre.

- NO SÉ QUÉ DEMONIOS TE HAS CREÍDO, MEQUETREFE -aulló el Rey Albor-, PERO PAGARÁS POR ESTO!  Y TÚ -gritó dirigiéndose al rey de Lavitria-, ESTE TRAIDOR NO HA CAMBIADO NADA!  YO HE GANADO ESTA PELEA!

- Lamento contradecirlo, señor -dijo Morbridae en voz alta pero calmada-, pero no es así. -con una mano, extendió ante sí el pergamino del pacto, y todos pudieron ver que ahora, en vez de dos firmas, habían tres...

- Firmé y puse mi sangre, y elegí a mi campeón frente a ustedes -indicó Morb, mientras el color se iba del rostro de los que lo escuchaban-, y gané el combate.  Mi campeón (o sea, yo!) sobrevivió a la batalla, y ahora todos ustedes me deben su lealtad y obediencia.

Albor, rojo de ira, se atragantó con sus propias palabras, y desenvainando su espada, se abalanzó hacia Morbridae.  Sin embargo, su hechicero Xratos se interpuso ante él, y lo detuvo colocándole una mano en el hombro.  El rey se giró para matar al mago, pero lo que vió lo detuvo: Xratos, con el rostro lívido y los ojos enrojecidos, llenos de rabia, asentía lentamente mirando al rey.

El traidor no mentía.  El geas estaba activo...

La ira dió paso al asombro, el asombro a la desesperación, y la desesperación a la aceptación...  A regañadientes, con un odio asesino pintado en su rostro, y sin perder de vista al traidor con el pergamino, Albor se arrodilló frente a él.  Lentamente, su séquito hizo lo mismo, y tras ellos, su ejército...

Morb miró a Creextur: el monarca estaba igual de desencajado que Albor, y sus ojos dejaban muy en claro la muerte que deseaba darle a él, a sus hijos, a sus padres, y a todos los que le hubieran conocido.  Pero la magia del geas no era para bromear: él también se arrodilló frente al embustero que lo había embaucado, y toda su nación le imitó.

- No se desesperen, mis fieles -dijo Morb, mientras enrollaba el pergamino del pacto y lo guardaba en su cinto-, que no los ocuparé por mucho tiempo.  Necesitaba un ejército, y ¡maravilla de maravillas!, ahora tengo dos.  El destino quiere que me ayuden en mi camino, pues tengo una ciudad que tomar y un tesoro que encontrar.  Luego de eso, poco más los ocuparé, y podrán volver aquí a matarse como prefieran... quizás.

Morbridae, el rey cuyos dominios iban de las montañas al norte de Ieud hasta las costas al sur de Lavitria, e incluían incluso las tierras baldías que los separaban en el centro -donde, algún día cantarían los bardos, un solo hombre había acabado, con un único golpe de su espada, la sangrienta guerra que por casi dos años había existido entre los dos bandos- alzó los brazos sobre su cabeza, y rió como solo un rey podía hacerlo.

Ahora, podía ir a cumplir su destino.


La lógica solamente le da a un hombre lo que él necesita...  La magia, en cambio, le da lo que él desea. -- Tom Robbins

Yo nunca he sido desvalido.  Es que tengo enemigos poderosos. -- Eragon

Quién vigila a los vigilantes? -- Watchmen

miércoles, 21 de marzo de 2012

No te pueden apagar



En los ojos de tus hijos, 
han llorado los amigos
Como el río hacia el mar 
y hoy el río está crecido

Les dolía la verdad, 
y cerraron tu camino
Jugadores de allá 
donde sortean los destinos

Pero cada mañana amanece,
el mundo sigue girando
Todas las flores florecen, 
tarde o temprano

Eres luz y sigues brillando, no te pueden apagar
Eres fuego y sigues ardiendo, no te pueden apagar
No se tapa el sol con un dedo, no te pueden apagar
Por más que traten, no te pueden apagar

Como el viento, que no vemos,
como piedras en el río
no te pueden callar, 
tus palabras no se han ido

Y no pueden apagar, 
tanto fuego que encendiste
Brillarás más allá, 
no hay razón para estar triste

Pero cada mañana amanece,
el mundo sigue girando
Todas las flores florecen, 
tarde o temprano

Eres luz y sigues brillando, no te pueden apagar
Eres fuego y sigues ardiendo, no te pueden apagar
No se tapa el sol con un dedo, no te pueden apagar
Por más que traten, no te pueden apagar

No te pueden apagar...


Letra de "No te pueden apagar", de Aditus.  Hoy está aquí, dedicada a mi mamá, que ayer separó su camino de nosotros...  No te pueden apagar, flaca.  Te amo...

domingo, 26 de febrero de 2012

La noche de los muertos



Orson levantó en silencio la mirilla de la puerta, para ver hacia el exterior; le había parecido escuchar gritos afuera, pero no había distinguido si estaban formados por los balbuceos incoherentes de los zombies, o por los balbuceos desesperados de un ser vivo.  Con cuidado, observó el trozo de calle que quedaba frente a su casa, pero no vió nada anormal: estaba destruida y solitaria, como siempre.

De repente volvió a escuchar los gritos de nuevo, más cerca y más claros.  Definitivamente eran gritos desesperados, pidiendo auxilio.

Sin prisa, pero sin pausa, Orson descolgó el rifle que tenía siempre colocado al lado de la puerta, y revisó que estuviera cargado.  Quitó los seguros -el del arma y el de la puerta- y salió al exterior, cerrando la puerta tras de sí, y mirando rápidamente en todas direcciones.

Avanzó con sigilo, atravesando su otrora cuidado jardín, en dirección a la calle principal, y justo cuando pisó el asfalto, los vió.  Un grupo de zombies perseguía con zancadas renqueantes a una chica, que corría en pánico, sin una dirección clara.

Una parte de la mente de Orson se fijó en la chica -hacía tiempo que no veía a alguien tan atractiva, y notó una puntada de lástima y soledad pensando en que tuviera que morir-, mientras otra parte, más práctica, ponía en funcionamiento su cuerpo: puso una rodilla en tierra, colocó la culata de su rifle contra su hombro, y disparó una, dos, tres veces.  Tres cuerpos cayeron de espaldas sobre el asfalto, derramando una sangre oscura y viscosa.

La chica lo miró con sorpresa, y comenzó a correr hacia él.  "Mierda" -pensó Orson, al darse cuenta de que la chica se había puesto directamente en su línea de tiro.  Es que acaso la gente no razonaba?  Cómo es que esa chica había sobrevivido tanto siendo tan estúpida?  Orson se puso de pie, y comenzó a dirigirse de espaldas hacia su hogar: conocía el patio de memoria, y sabía que no encontraría ningún obstáculo con el cual tropezar; mientras retrocedía, disparó algunas veces más, y otros tantos cuerpos quedaron inmóviles en el suelo.

La chica ya se encontraba a solo unos metros, y Orson sintió su miedo, así como también sintió el olor a descomposición que emanaba de sus perseguidores, y logró reconocer las palabras arrastradas que salían de sus dañadas gargantas: "hambree!" "alimentooo!" "hambreee!" "déjanos comeeer!" "HAAAAMBREEEE!"...

Orson se giró y abrió la puerta, y entró por ella casi con el mismo movimiento; la sostuvo abierta para que la chica entrase tras él, y luego la cerró de un sonoro portazo, y comenzó a colocar los seguros de nuevo en su sitio.  Unos segundos después, los zombies comenzaron a golpear furiosamente la puerta, mientras la cacofonía de gritos muertos seguía sonando al otro lado de la misma: "déjanos pasaar!" "déjanos comeeer!" "HAAAAMBREEEE!"...

Orson se giró para ver a la chica.  No estaba nada mal, llena de curvas en los lugares apropiados, y con una cascada de dorados rizos adornándole la cabellera.  Aún llena de manchas, suciedad, y con una cara de terror que no era normal, definitivamente no estaba nada mal...

- Gracias -dijo la chica con voz temblorosa, mientras su rostro era surcado por regueros de sucias lágrimas-, en serio, muchísimas gracias por...

- Párate, y sígueme -dijo Orson sin miramientos, y rápidamente se internó en su casa.  La chica se quedó mirándolo un momento, confundida, y luego se puso en pie, medio a rastras y medio cojeando, y lo siguió.  Pasaron por un par de habitaciones hasta llegar a un patio interno, al aire libre; Orson sujetó la reja de entrada para que la chica entrara, y luego la cerró tras él.  Paredes lisas rodeaban al patio, con excepción de una santa maría que cerraba la última pared.

La chica se volvió para preguntarle a Orson a dónde la llevaba, y se encontró con el hombre apuntándole con su arma.

- Desnúdate.

Ella, sorprendida, no acertó a reaccionar.  Unos balbuceos salieron de sus labios, pidiendo explicaciones, a lo cual el hombre repitió su exigencia: "Desnúdate".  La chica comenzó a despojarse de su ropa con manos temblorosas, y algo en su cara hizo que el hombre suavizara su tono:

- No me voy a aprovechar de tí.  Pero no sé si estás infectada, así que debo revisar que no tengas mordiscos en algún lugar del cuerpo.  Tranquila, que no te pondré una mano encima...

La chica, más calmada aunque no del todo, terminó de desvestirse, y quedó temblando en mitad del patio, tapándose como podía los senos con sus manos.  El hombre comenzó a girar alrededor de ella, observándola con detenimiento en busca de alguna herida, hasta quedar directamente tras ella.

- Y bien? -preguntó la chica, reuniendo valor.

- Estás perfecta.  Lo lamento... -dijo Orson.  Inmediatamente, sonó una detonación tras la chica.  Su cuerpo salió despedido unos metros más adelante, donde cayó al suelo como una marioneta a la que le hubieran sesgado los hilos de repente.  Un grito de dolor salió de la boca de la chica, mientras la sangre salía a borbotones de un hueco en el centro de su espalda, donde la bala había perforado piel y músculo, y había destrozado su columna vertebral.

Orson bajó el arma, mirando con tristeza a la chica.  En verdad que le hubiera encantado pasar una noche con ella, pero responsabilidad es responsabilidad.  Además, mientras menos supiera de ella, sería más fácil.  Con todo y eso, quizás con la próxima se la quedaría unas horas para él...

Avanzó hacia la reja por la que habían entrado, la abrió y luego la cerró tras él.  Una vez que la hubo asegurado, presionó un conector que estaba en la pared, y la santa maría que cerraba el cuarto muro del patio comenzó a levantarse.  La chica vió con horror que dos zombies entraban al patio a medida que la reja se elevaba.  No eran mas que niños, de unos ocho años cada uno; el niño tenía la cabeza muy dañada, y le faltaban muchos trozos de piel, dejando a la vista parte de su calavera y sus dientes; la niña estaba en mejor estado, pero le faltaba un ojo: el otro, de un azul acuoso, miraba a la chica con avidez.  Ambos repetían la misma letanía: 

- Haambreee...! Haambreee...!

La chica comprendió de repente, y un grito del más puro terror surgió de su pecho mientras los niños se abalanzaban hacia ella.  Viendo a sus hijos comer, Orson sonrió: los pobrecillos estaban muertos de hambre, pues hacía tiempo que no les conseguía comida buena.

- Buen provecho, bebés.  Papi va a leer un libro un rato.  Recojan al terminar de comer, eh?

La niña levantó su ensangrentado rostro de su festín: trozos de carne de la chica, que aún seguía gritando, golgaban de su boca.  De forma apenas entendible debido a lo llena que tenía la boca, consiguió articular: 

- Graacias, Papii...

Y volvió su atención a su cena.  Los niños buenos comen antes de que la comida se enfríe.


Basado en un sueño de Yukino; gracias por prestármelo!  (A veces, esa chica me asusta...)

sábado, 14 de enero de 2012

Superhéroes



Todos fuimos héroes alguna vez.
Te acuerdas cómo era?
Sentirse poderoso,
sin miedo,
del lado de los buenos.
Dónde habrá quedado aquel traje?
Porque es hora de ponérselo.
Volvamos a jugar a que el mundo nos necesita.


(Transcripción de "Superhéroes", excelente publicidad de Coca-Cola.  La canción de fondo es "Heroes", de David Bowie)


We can beat them
Just for one day
We can be Heroes
Just for one day
-- David Bowie (Heroes)

lunes, 21 de noviembre de 2011

Una historia sobre Paz



Terminé de escribir mi último post en mi blog, y quedé con una sonrisa idiota en el rostro. Es que me encantaba encontrarme con Paz.

Ella era un personaje que había creado unos meses atrás para una historia de fantasía en un universo alterno, un mundo similar a la edad media real pero con magia, idéntico a tantos otros mundos creados por escritores antes de mí. Era una chica dulce, de largos cabellos color miel, y unos melancólicos ojos del color de la madera de los fresnos jóvenes que habían en mi pueblo. Normalmente usaba una túnica gastada, de un indefinido tono entre verde y gris, que no hacía sino resaltar con su sencillez su belleza.

Para ser alguien a quien no había visto nunca, podía describirla muy bien...

En la historia Paz tenía la habilidad de comunicarse con las plantas, y poseía unas habilidades curativas muy buenas gracias a la mágia druídica que había heredado de su madre, quien había muerto al nacer ella. Su padre, el herrero del pueblo, era un hombretón que escondía bajo su gruñón exterior un corazón de oro, rajado por la muerte de su esposa, a quien aún amaba. Solamente Paz sabía cómo acercarse a él, y solo por ella latía ese corazón.

Para ser alguien a quien no conocía, ella me importaba más que cualquier ser vivo... En ella había puesto todo lo bueno que alguna vez pensé que podría encontrar en una sola persona.

Desde que la conocí... desde que la creé... siempre fue mi personaje favorito. Ni siquiera Lox, el atolondrado guerrero que era el verdadero protagonista de la historia me había gustado tanto como esta inofensiva chiquilla que se había vuelto parte importante del grupo de aventureros que luchaba, mitad por convicción y mitad porque no les quedaba de otra, contra el dominio del malvado ser que estaba destruyendo los pueblos de la nación de Arrakis.

Todos mis lectores, esos mismos lectores que me aplaudieron la brillantez del primer cuento que escribí sobre ese grupo, esos que me insistieron para que continuara la historia, y la continuara, y la continuara, esos mismos lectores eran los que me preguntaban cuándo me decidiría a -por fin- hacer que Lox y Paz fueran pareja. Ellos no sabían que, de solo pensarlo, me desesperaba: cómo entregarla a los brazos de otro hombre cuando era yo quien ansiaba dormir entre sus brazos, y calmar sus temores de chiquilla cuando los truenos de una tormenta nocturna no la dejaran dormir?

Para ser alguien que no existía, era para mí más real que todo lo demás. Ella era lo único que importaba.

Poco a poco todo dejó de tener sentido. Paz era la chica de la que me había enamorado, solo que, a diferencia de las chicas con las que se conformaban mis amigos -los pocos que tenía-, ella jamás estaría en mis brazos. Jamás saldríamos a correr como dos perros sin dueño por la Colina del Amanecer, cerca de su pueblo. Nunca me mostraría la tumba de su madre, ni la tomaría de la mano mientras ella rezaba en silencio para que la naturaleza la recibiera de nuevo en su seno. Ni una sola vez escucharía su cantarina voz, o esa risa que -decían aquellos a los que yo mismo había creado- era capaz de llenar de esperanza hasta los corazones más vacíos.

Jamás podría decirle que la amaba, ni escuchar de sus labios -pues no podía ser de otro modo- que ella también lo hacía. Yo, señor y creador de su mundo, que podía hacer que ella me amara solo por el hecho de que yo la amaba a ella, jamás podría sacarla de allí para atraerla hacia mí, y calmar sus dudas y sus temores con un abrazo infinito.

Pero ya nada de eso importaba. Había terminado la última historia en la que ella aparecería, y ya la había publicado en el blog. Me recosté en la silla y pasé mi mano por mi cara, sobre la descuidada y crecida barba, sobre las ojeras, sobre mis caídos pómulos -había perdido mucho peso en esa época-, sobre mis cabellos lacios y grasosos por la falta de aseo, mientras mi boca seguía con la sonrisa estúpida pintada en ella.

Había sido una obra maestra matarla sin matarla. Había logrado que su pase al mundo espiritual -su "unión a la naturaleza", como lo había llamado en el cuento- fuera al mismo tiempo heróico, necesario, y tan pacífico como merecía una princesa como ella. Había sido un sacrificio; un sacrificio para salvar a su pueblo, a su gente, a sus amigos; y mientras la naturaleza consumía su cuerpo, ella se despidió de ellos asegurándoles que iba a un lugar mejor, a un mundo espiritual poblado por los tótems de las criaturas de la naturaleza, desde donde los seguiría cuidando como hasta ahora.

Lox cayó de rodillas, con una solitaria lágrima rodando por la misma mejilla donde el Barón Sangre le había hecho su herida característica; lloró en silencio por lo que había perdido sin tenerlo. Y mientras él lloraba, yo reía para mis adentros, porque las esperanzas que él había perdido ahora yo las había ganado.

Sin apagar el monitor de la computadora, levanté la pistola y la apunté hacia el lado de mi cabeza. Cerré los ojos un momento para una muda plegaria para que el mundo de sus espíritus y el de los míos fuera el mismo, y al terminar los abrí para leer una vez más su nombre en mi pantalla. Luego, apreté el gatillo.


Cuando dos personas se conocen y se enamoran, hay un súbito flujo de magia. La magia está presente de forma natural en ese momento. Tendemos a alimentarnos en ese flujo gratuito de magia sin preocuparnos de crear más cantidad. Un día nos despertamos y encontramos que la magia se fue. Nos apuramos para hacer que regrese, pero cuando lo hacemos normalmente ya es muy tarde, porque nos la hemos gastado toda. Lo que tenemos que hacer es trabajar muchísimo para crear más magia desde el comienzo. Es un trabajo duro, pero si podemos recordar hacerlo, aumentaremos muchísimo nuestros chances de hacer que el amor continúe con nosotros. -- Tom Robbins

viernes, 11 de noviembre de 2011

Amor del bueno



Como cuchillo en la mantequilla
entraste a mi vida, cuando me moría.
Como la luna, por la rendija,
así te metiste, entre mis pupilas

Y así te fuí queriendo a diario,
sin una ley, sin un horario.
Y así me fuiste despertando
de cada sueño donde estabas

Y nadie lo buscaba, y nadie lo planeó así.
En el destino estaba, que fueras para mi.
Y nadie le apostaba, que aquello fuera tan feliz,
pero Cupido se apiadó de mí.

(se apiadó de mí)
(se apiadó de mí)

Como la lluvia en pleno desierto,
mojaste de fé mi corazón, ahogaste mis miedos.
Como una dulce voz, en el silencio,
así nos llegó el amor, amor del bueno.

Y así te fuí queriendo a diario,
sin una ley, sin un horario.
Y así me fuiste despertando
de cada sueño donde estabas

Y nadie lo buscaba, y nadie lo planeó así.
En el destino estaba, que fueras para mi.
Y nadie le apostaba, que aquello fuera tan feliz,
pero Cupido se apiadó de mí.
Y nadie le apostaba, que aquello fuera tan feliz,
pero Cupido se apiadó de mí.

(se apiadó de mí)


(Letra de la canción "Amor del bueno" de Reyli)


La lógica solo le da al hombre lo que necesita. La magia le da lo que desea. -- Tom Robbins

Cree en el amor. Cree en la magia. Demonios, cree en San Nicolás! Cree en los demás. Cree en tí mismo. Cree en tus sueños. Si tú no lo haces, quién lo hará? -- Jon Bon Jovi

jueves, 27 de octubre de 2011

Los otros



- Aquí el tiempo es fluido -dijo el demonio.

Supo que era un demonio en el mismo momento en que lo vio. Simplemente lo sabía, del mismo modo que sabía que aquel lugar era el infierno. Ninguno de los dos podría haber sido otra cosa.

La habitación era alargada, y el demonio esperaba junto a un brasero humeante situado en el otro extremo. De las paredes de piedra gris colgaban multitud de objetos, objetos que no habría sido prudente ni tranquilizador inspeccionar de cerca. El techo era bajo, el suelo, extrañamente insustancial.

- Acércate más -dijo el demonio, y el hombre obedeció.

El demonio estaba flaco como un fideo e iba desnudo. Tenía muchas cicatrices, y parecía que le hubieran arrancado la piel en un pasado remoto. Tampoco tenía orejas, ni sexo. Sus labios eran finos y tenían un aire ascético; sus ojos eran demoníacos: habían visto demasiado y habían llegado demasiado lejos, su mirada hacía que el hombre se sintiera más insignificante que una mosca.

- ¿Qué va a pasar ahora? -preguntó.

- Ahora -replicó el demonio, con una voz que no denotaba pena, ni tampoco deleite, tan sólo una rotunda y atroz resignación- vas a ser torturado.

- ¿Por cuánto tiempo?

Pero el demonio se limitó a menear la cabeza y no respondió a la pregunta. Empezó a caminar despacio a lo largo de la pared, paseando su mirada de objeto en objeto. En el extremo más alejado de la pared, junto a la puerta cerrada, había un látigo de 9 correas hecho de alambres pelados. Con una mano en la que sólo había 3 dedos, el demonio lo descolgó de la pared y volvió junto al hombre, transportando el macabro instrumento con suma ceremonia. Colocó las correas de alambre sobre el brasero y se quedó mirando cómo se calentaban.

- Eso es inhumano.

- Sí.

Los extremos de las 9 correas empezaban a adquirir un tono anaranjado.

Mientras alzaba el brazo para asestar el primer latigazo, dijo:

- Dentro de algún tiempo recordarás todo esto can cariño, incluso este momento.

- Eres un mentiroso.

- No -replicó el demonio-. Lo que viene después es peor -le explicó, justo antes de azotarle.

Entonces, las correas del látigo se estrellaron contra la espalda del hombre, desgarrando sus caras ropas, que ardían y se hacían tiras al contacto con los alambres incandescentes, y el hombre profirió un grito. Pero la cosa no había hecho más que empezar.

En las paredes esperaban aún 211 instrumentos de tortura y, a su debido tiempo, habría de probar cada uno de ellos.

Cuando, por fin, la Hija del Lazareno, a la que había llegado a conocer muy íntimamente, fue limpiada y colocada de nuevo en la pared en el puesto 212, entonces, con una mueca de dolor, masculló:

- Y ahora, ¿qué?

- Ahora -respondió el demonio- es cuando viene el dolor de verdad.

Y así fue.

Todo cuanto había hecho en su vida y que habría sido mejor no hacer; cada mentira que había dicho -ya fuera a sí mismo o a otros-; cada pequeño dolor que había infligido, y los grandes también... cada uno de ellos iba siendo extraído de su interior, detalle a detalle, centímetro a centímetro. El demonio le fue arrancando a tiras la piel del olvido, desnudándolo hasta dejar sólo la verdad, y aquello le dolió más que cualquier otra cosa.

- Dime qué pensaste cuando ella salió por la puerta -dijo el demonio.

- Pensé que mi corazón estaba roto.

- No -replicó el demonio, pero en su voz no había odio-, no fue eso lo que pensaste.

Se le quedó mirando fijamente con sus inexpresivos ojos, y él no tuvo más remedio que apartar la vista.

- Pensé: ya nunca sabrá que he estado acostándome con su hermana.

El diablo seguía diseccionando su vida, momento a momento, cada instante. Aquello duró unos cien años, o quizás mil -tenían todo el tiempo del mundo- y cuando se acercaba ya el final, se dio cuenta de que el demonio le había dicho la verdad: la tortura física había resultado más llevadera.

Y terminó.

Y una vez hubo terminado, volvió a empezar de nuevo. Sólo que ahora se conocía a sí mismo como no se había conocido nunca, lo que de alguna manera lo hacía todo aún más insoportable.

Ahora, mientras hablaba, se odiaba con toda su alma. Ya no había mentiras, ni evasivas, ni sitio para otra cosa que no fueran el dolor y la ira.

Estaba hablando. Había dejado de llorar. Y cuando terminó, unos mil años más tarde, rezó para que el demonio fuera hasta la pared y cogiera el cuchillo de despellejar, la pera oral o las empulgueras.

- Otra vez -dijo el demonio.

El hombre empezó a gritar. Estuvo gritando mucho tiempo.

- Otra vez -volvió a decir el demonio cuando hubo terminado.

Era como pelar una cebolla. Esta vez, al revisar su vida, comprendió que todo tiene sus consecuencias. Vio el resultado de las cosas que había hecho, resultado del que no era consciente mientras las hacía; las mil maneras en que había dañado al mundo; el mal que había hecho a personas a las que no conocía y con las que jamás se había tropezado. Era la lección más dura que había aprendido hasta ese momento.

- Otra vez -repitió el demonio mil años más tarde.

El hombre se puso en cuclillas, junto al brasero, meciéndose levemente, con los ojos cerrados, y relató la historia de su vida, reviviéndola según la iba contando, desde su nacimiento hasta su muerte, sin alterar nada, sin dejarse nada en el tintero, haciendo frente a todo. Abrió su corazón de par en par.

Cuando terminó, se quedó allí sentado, con los ojos cerrados, esperando oír de nuevo aquella voz: "Otra vez". Pero el demonio permanecía en silencio. Abrió los ojos.

Se puso en pie, despacio. Estaba solo.

En el extremo opuesto de la habitación había una puerta abierta. Un hombre cruzó la puerta. Su rostro denotaba pavor, y también arrogancia y orgullo. El hombre, que iba vestido con ropa cara, avanzó vacilante unos cuantos pasos y luego se detuvo.

Cuando vio al hombre, lo comprendió todo.

- Aquí el tiempo es fluido -le dijo al recién llegado.


(Transcripción del cuento "Los otros", de Neil Gaiman, publicado en el libro "Objetos Frágiles").


Tu enfoque determina tu realidad. -- Qui-Gon Jinn