domingo, 8 de febrero de 2015

El error de lo correcto


Hay momentos en los que uno debe escribir, bajo riesgo de que se le rompa algo.  Momentos en los que debes dejar todo lo demás a un lado, pones las manos en el teclado, y simplemente dejar que la tristeza, el dolor, los sueños rotos, todo, salga.

El ser humano es una cosa maravillosa y simple a la vez.  Vivimos solo unos años, y sin embargo nos creemos el centro del universo.  Pensamos que nuestra vida es lo único que importa, y que todo lo demás gira a nuestro alrededor.  Pensamos que somos los protagonistas de nuestra película, sin darnos cuenta que solo somos extras, como todos los demás.  Que se te murió alguien?  Que terminaste con tu novio?  Que dejaste todo lo que tenías para irte de tu país?  Despierta: nada de eso le importa a casi nadie más que a tí.

Y sin embargo, a pesar de esos pocos años que podemos caminar por esta tierra, algunas personas se las arreglan para volverse inmortales.  Logran crear algo, un invento que cambia la vida de los demás, una nueva teoría que le da una nueva forma a la realidad, o una obra de arte que se las arregla para tocar los corazones de las otras personas que recorren poco a poco caminos invisibles.

Ahorita, por ejemplo, tengo delante una excelente película, que salió de lo que solo puedo suponer que fue una excelente novela.  Una serie de páginas que nacieron como un regalo para los familiares del autor, que fueron escritas en solo unos días, y que cambiaron para siempre la vida de su creador, logrando además tocar las almas de muchas personas, yo entre ellas.

La película es Los puentes de Madison.

Y aquí no les contaré más nada de ella.  Véanla, o lean sobre ella en algún lado.  Pero les recomiendo que la vean, sin interrupciones ni prejuicios.

Mientras veía en la película a esas dos personas, que cualquiera podría conocer o ser, compartir una vida entera de sentimientos en tan solo un puñado de días, pensé en muchas cosas.  Pensé en la suerte que tuvieron de encontrarse, por ejemplo.  Y luego, pensé en la mala suerte que ellos mismos decidieron seguir...

Pensé en lo que significa ser amantes; y pensé en un escrito que una vez un amigo me presentó, una de esas obras de las que hablé arriba, que cambian la vida de la gente; y pensé en mi propio escrito que nació por culpa de él, que no llega a ser una de esas obras de las que hablé arriba, pero que igual lo quiero, como se quiere a un hijo tarado.

Y entre una cosa y la otra pensé en las oportunidades que creemos que se dan solo una vez en la vida, y de como nos encargamos de desaprovecharlas, perderlas, enterrarlas.  Y en lo irónico de las oportunidades que regresan otra vez, y de como nos encargamos, de nuevo, de dejarlas ir, dejar que se nos escapen, sin lograr aprender que a veces debemos atrevernos a tomar lo que consideramos que es nuestro.

Lo malo es que las oportunidades desaprovechadas no se pierden.  Ojalá se perdieran y no regresaran nunca jamás...  Pero el caso es que se quedan contigo en tu alma.  Se quedan contigo como un anzuelo clavado en tu corazón, y al igual que un anzuelo, no se pueden sacar sin romper aquello en lo que se clavaron.

Y es en estos momentos, en los que tengo chance de pensar, sentir y extrañar, que me arrepiento de haber hecho lo correcto tantas veces.  Yo, que siempre he dicho que lo mejor es pedir perdón y no permiso, que me lleno la boca diciendo que la vida es muy corta como para no vivirla, me encuentro haciendo lo correcto, y dejando que los demás lo hagan, y arrepintiéndome de ello.  Mucho.

Pero cuál es la opción?  Luego de dedicarle años a una vida, debes simplemente dejar que se desmorone, por un sueño que no sabes si se cumplirá, si será como lo imaginas, si te hará feliz?  Cómo hacerlo, si no podemos fiarnos ni siquiera de nosotros mismos, si no somos capaces de saber si mañana seguiremos sintiendo lo mismo, mucho menos dentro de una vida?  Cómo hacerlo si, al seguir ese camino, parece que dejáramos de ser nosotros mismos, y desecháramos todo aquello que hemos luchado por conseguir?

Así como lo justo no es lo correcto (recuerdan el chiste? que te metan un paraguas por el culo te quedará justo, pero no creo que sientas que es correcto?), pues a veces lo correcto no es lo bueno.  A veces hacer lo correcto te deja vacío, triste y arrepentido, y no solo por un rato, sino por una buena parte de tu vida...

A veces, solo a veces, me gustaría haber mandado todo a la mierda, y haber hecho que mi vida fuera como yo quisiera, y no como es correcto que sea...