jueves, 2 de agosto de 2007

Con la cabeza en las nubes



Cuando Raúl despertó, vió a través de la ventana de su cuarto a Mercedes jugando en el jardín. "Seguramente" -pensó- "fueron sus gritos los que me despertaron".

Lejos de molestarse con su hermana menor, se levantó de la cama con una sonrisa. Era sábado por la mañana! Todo un día de juegos por delante, y luego, otro más! Qué hay más perfecto en la vida?

Decidió unirse a su hermana en sus juegos.

Con apuro se quitó su pijama, y se puso su uniforme del día: Sus viejos jeans, sus zapatos deportivos, y una franela descolorida. Buscó en su cajón de juguetes y consiguió el avión a escala que su tío le había regalado el cumpleaños pasado. Bajó los escalones de dos en dos y se dirigió a la cocina a desayunar.

Mientras se servía sus Zucaritas siguió oyendo como ruido de fondo los gritos de Mercedes: "Yupiiii! Estoy volandoooo!". Se dirigió a la mesa con el plato de cereal y el cartón de leche, mientras sonreía pensando en los sueños de la pequeña. Lo que más le gustaba a Merceditas era soñar con que volaba, que atravesaba las nubes, con el viento zumbando en sus oídos, como cuando sacaba la cabeza del carro en movimiento.

Muchas veces se acostaban en la grama del jardín y se ponían a ver las nubes pasar. Mientras Raúl le buscaba formas y figuras ("Mira, Meche! Conejos!"), Mercedes soñaba que estaba allí arriba, con ellas, tan ligera como para poder pararse sobre ellas y saltar de una a otra.

Con el apuro de la juventud, el plato quedó vacío. Se paró de la mesa para llevarlo al lavaplatos, y entonces reparó que los gritos de la niña habían cesado. "No me digas que ya se cansó!", pensó.

Abrió la puerta y salió al jardín. El olor de la hierba en crecimiento llenó sus sentidos, el calor del sol sobre su piel lo llenó de vida.

Luego de unos segundos se dió cuenta que Mercedes no estaba a la vista. Sonriendo la buscó tras el rosal y los otros arbustos, con el ronroneo del motor de su avión en los labios, pero ella no estaba allí. Salió a la calle para dar una ojeada rápida a los patios de los Gómez y los viejitos García por si su hermanita se había escondido en ellos. Pero también estaban vacíos.

Raúl comenzó a preocuparse, pensando en su hermana corriendo por las calles de la ciudad, sola. O peor aún, con alguien. Mientras el miedo se atenazaba en su corazón, arrancó a correr hacia la casa, en busca de la seguridad que solo conocemos siendo niños al estar con nuestros padres.

Con la vista en la puerta, los pies fueron a su antojo, tropezando con la manguera que regaba el jardín. Raúl terminó boca arriba en el piso, más asustado que golpeado, más indignado que adolorido, el avión olvidado a un par de metros de él. Hizo ademán de incorporarse para seguir su carrera, pero se quedó en el sitio, incapaz de moverse o decir nada.

Cuando su madre salió, la cara de Raúl, aún en el suelo del jardín, estaba surcada por ríos de lágrimas. Nunca llegó a recordar del todo la caída, y durante el resto de su vida nunca pudo hablar de ese día sin que las lágrimas asomasen de nuevo. Luego de los primeros meses, de todas formas, dejaron de preguntarle al respecto.

Los adultos, y al final él mismo, decidieron que sencillamente la imaginación del niño le había jugado una mala pasada. Pero hubo una época en la que, cuando le preguntaban, Raúl solo lograba repetir, entre hipos de llanto, que por un instante, solo por un momento, hubiera jurado que vió una figura -riendo?-, saltando de nube en nube.


(Esta historia participó en el I Concurso de Relatos Revista de Cultura Lenguas de Fuego. No gané ni el derecho a que me dijeran que no servía...)


La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen. -- William Faulkner

Se puede matar al soñador, pero no al sueño.

Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar.

Crees en las hadas? Di rápidamente que crees! Si crees, aplaude con tus manos! -- Peter Pan (Finding Neverland)

Y el hombre olvidó. -- Ánima (Beyond Fantasy)

Me gusta el sin sentido, porque despierta las células cerebrales. La Fantasía es un ingrediente necesario en la vida. Es una forma de mirar la vida a través del extremo equivocado del telescopio. Que es lo que yo hago, y eso te permite reirte de las realidades de la vida. -- Dr. Seuss

4 comentarios:

Anónimo dijo...

no me deja comentarte

lua dijo...

Bonita historia y triste a la vez.

Dark kisses

el silencio dijo...

me gusto mucho este escrito. Tambien me gusta tu blog, te gustaria enlazar con el mio? avisame si estas de acuerdo asi te agrego a mi blog y viceversa. Mi blog: www.silenciosqueaturden.blogspot.com
graicas, saludos

Jeanfreddy dijo...

Hola! maravilloso cuento, gran final. Siempre sorprendente.