miércoles, 23 de abril de 2008

Cuesta abajo


Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser.
Bajo el ala del sombrero
cuantas veces, embozada,
una lágrima asomada
yo no pude contener...

Si crucé por los caminos
como un paria que el destino
se empeñó en deshacer;
si fui flojo, si fui ciego,
sólo quiero que hoy comprendan
el valor que representa
el coraje de querer.

Era, para mí, la vida entera,
como un sol de primavera,
mi esperanza y mi pasión.
Sabía que en el mundo no cabía
toda la humilde alegría
de mi pobre corazón.

Ahora, cuesta abajo en mi rodada,
las ilusiones pasadas
yo no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro
y que nunca volverá.

Por seguir tras de su huella
yo bebí incansablemente
en mi copa de dolor,
pero nadie comprendía
que, si todo yo lo daba
en cada vuelta dejaba
pedazos de corazón.

Ahora, triste, en la pendiente,
solitario y ya vencido
yo me quiero confesar:
si aquella boca mentía
el amor que me ofrecía,
por aquellos ojos brujos
yo habría dado siempre más.


(Cuesta abajo, 1934, tango de Carlos Gardel)


Cuando aún eramos más jóvenes... Cuando teníamos menos gente a quien amar, recordar y olvidar... -- Jeca

Claro, hay personas y asuntos de los que nunca podremos despedirnos. Ciertas deudas, una canción, aquella noche cuya importancia se recuerda en la piel… Cosas para las que no se ha inventado ningún medio de transporte que nos lleve lejos. -- Crónicas de lo crónico (Maneras de despedirse)

El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto. -- Charles Chaplin