"Murió bañado en sangre en las calles de
Caracas".
De pana que, aunque excesivamente trágico y novelero, esta frase adorna cada vez más los periódicos de
nuestro país, y con seguridad del mundo -puedes cambiar "Caracas" por la ciudad de tu preferencia-, aunque quizás no tanto como aquí.
Pocas cosas más feas podemos imaginarnos que eso: Vamos tranquilamente a nuestra casa, una tarde-noche, con una
canilla bajo el brazo y una
pelotica 'e goma para nuestro
hijo, cuando de repente unas balas con destino equivocado nos hacen un recorte presupuestario de vida a lo bestia. Ya, se acabó, tus planes no me importan.
Bueno, peor aún: Estamos en casa, mirando el reloj esperando a que papá, nuestro esposo, nuestro hijo, llegue a casa. Pero no llega. No reponde al celular. No respira, aunque eso aún no lo sabemos. Nunca más oiremos su voz, nos reiremos de sus bromas, sentiremos sus brazos alrededor nuestro, o uno de sus besos en nuestra mejilla.
De pana que lo anterior fácilmente califica como tragedia. Acabóse. Fin de mundo.
Pero por qué?
"Murió en su cama, dormido. Ni siquiera se enteró, el pobre". "Murió atrapado en una balacera entre choros". "Cáncer". "Comenzó a sangrar". "Los doctores no supieron qué era". "Sí, fué un ataque al corazón". "Un paro respiratorio. Le quedaron los ojos saltones". "Murió de viejo".
De acuerdo, la persona se murió. Pero no era ese su destino? Qué acaso lo único seguro en la vida no es, precisamente, la muerte?
Muchas veces despierto en la noche, bañado en sudor, sin recordar si me despertó una pesadilla o un temblor. Y en esas largas noches de vigilia, que es cuando a uno le dá por ponerse filosófico, cuando la sombra de la muerte me asusta un poco.
Se te atoró algo en la garganta. Te caíste por un barranco. Te moriste del susto. Te
clavaron un lápiz por el ojo. Te atropelló un carrito de helados. Te engañaron y
moriste por un corazón roto. Lamentables todas, pero así es la vida.
Y no me vengan con que "es que murió antes de tiempo". Acaso
alguien sabe cuándo morirá? Yo asumo que un cálculo de que llegaré hasta los ochenta años es posible, y capaz que hasta probable, pero realmente puede ser que me muera mañana mismo. Nadie tiene garantía de cuánto tiempo vivirá...
Ahogado. Envenenado.
Decapitado. Atropellado. Comido por un león. Comido por dos leones. Indigestado luego de comerte un león.
Quemado. Derretido. Fundido. Congelado. Balaceado. Cortado. Molido. Desangrado. Degollado. Destripado. Harakirizado. Aplastado. Paralizado. Desintegrado.
Si bien es cierto que unas muertes parecen mejores que otras, el caso es que, de poder elegir, yo no elegiría ninguna. Es una mezcla de la inevitabilidad, la incertidumbre, la incapacidad de detenerla, la imposibilidad de negociarla.
Hagamos lo que hagamos, todos pasaremos por ella...
El caso es que creo que no le tenemos miedo a la muerte en sí, sino a todo lo que representa. Tememos a que nos duela, o a que suframos, durante la muerte. Tememos a lo que dejaremos por hacer, sin cumplir. Tememos al dolor que le causaremos a nuestros seres queridos. Tememos a dejar a nuestros hijos desamparados. Tememos a no saber qué nos espera. Tememos a dejar de existir.
Tememos al cambio.
Será que
cada vez que cambiamos algo, morimos un poco?
Seré el sabor de un beso en el mar,
Un viejo proverbio sobre como olvidar,
Seré inmortal porque yo soy tu destino.--
La Oreja De Van Gogh (
Inmortal)
Somos las semillas de las leyendas, pero nuestros verdaderos orígenes son desconocidos. Nosotros sencillamente somos. --
Connor MacLeod (
Highlander: Endgame)