domingo, 10 de agosto de 2008

París


Fines del siglo pasado. Aún el dos mil es un fantasma lejano, pero las personas viven, aman y mueren igual que ahora, igual que pronto lo seguirán haciendo aún. Sencillamente, hay cosas que no cambian.

En París, Anaïs lucha por conocerse. Llegó llena de ilusiones, con ganas de recuperar su musa, de comerse al mundo. Pero hacía muchos días (meses ya?!?) que no había podido escribir nada que le gustara.

(Sí, que le gustara a ella. Anaïs no escribía para los demás: como tantos escritores, como tantos artistas, escribía para ella misma).

París, la ciudad del amor... La ciudad que guarda las llaves de los sueños, las llaves de los corazones. París, para Anaïs, no había sido una buena ciudad.

La gente corría a su lado, como en cualquier otro sitio. Las mismas caras, las mismas prisas, las mismas preocupaciones. Y ella aún sin su musa, aún sin alguien que despertara su alma dormida.

Hasta hoy.

La luz del sol la despertó, suave, lentamente... Se desperezó en su cama. La sábana que la cubría se deslizó, traviesa, hasta el piso, desnudándola. Poco a poco se hizo consciente de los ruidos de la ciudad. Los Campos Eliseos se llenaban de gente, como un río lleno de agua.

Se puso una blusa sencilla, y se asomó al balcón, a ver las caras de la gente que pasaba.

Y allí lo vió.

En el edificio del frente, él pintaba. A través de las ventanas abiertas lo vió, batallando con un lienzo, esgrimiendo un pincel como arma. A cada tajo, a cada ataque, una linea daba vida a un dibujo.

Anaïs entrecerró los ojos... Viendo... Bebiendo de las ganas de ese hombre. No era particularmente atractivo; y en su ímpetu había algo que la asustaba. Parecía alguien peleado con la vida.

Bajó la mirada hacia la calle... Peleado, como todos ellos. Peleando cada momento del camino.

Y al volver a subir su mirada, sus ojos se reflejaron en otros, que los veían, desde el balcón frente al suyo, desde una cara manchada de pintura y de vida.

Sin saber por qué, Anaïs cerró apresuradamente su ventana.

* * *

Los días pasaban. A veces, ella se asomaba a verlo pintar. Lo hacía tapada por las cortinas de su ventana, o disimulando que veía hacia la calle en lugar de hacia él.

Lo veía descargar su rabia, su frustración... Un par de veces, vió como rompía su lienzo y lo dejaba olvidado en el piso de su apartamento, o como lo lanzaba a la calle, ganándose como respuesta gritos de "Que faites-vous, débile?" que llegaban desde la calle, de los peatones molestos.

Pero él no los veía. Ni siquiera los escuchaba. Para él, no existían. No tenía ojos para el mundo... Para la calle... Para la vida.

Solo para sus cuadros.

Excepto cuando la veía.

Sin saber por qué, Anaïs seguía cerrando la ventana. Esos ojos la atraían, pero ella no sabía hacia donde. Miedo? Precaución? Simple cobardía, que no la dejaba vivir?

Sus letras la habían abandonado por cobarde?

* * *

Al pasar los días, Anaïs descubrió algo... Ahora el pintor no pintaba.. Solo se quedaba viendo a su ventana, sentado, una copa de vino tinto en la mano.

Esperaba a que ella saliera.

Y una mañana, se atrevió.

El sol la despertó, los ruidos la inundaron, la sábana la desnudó, la ventana la llamó, el pintor la esperaba... Y ese día, por algo que ni ella supo explicar, se quedó allí. Desnuda, frente a él.

Él se paró con desesperante lentitud. Cambió copa por pincel, y comenzó a pintar.

Pero pintaba distinto... Lento... Pleno... En paz.

Anaïs se perdió ese día en los ojos que la veían, en los labios que la bebían a través del vino, en las manos que la recorrían plásmándola sobre un lienzo. La mirada seguía ahí, y aún daba miedo... Pero también ofrecía promesas, vida, inmortalidad en otro alma.

Cuando él terminó, ella cerró su ventana.

* * *

Los días pasaron, y no se atrevió a asomarse.

Qué temía? Verlo esperándola? O peor aún, no verlo? Había cambiado su miedo a vivir por el temor a morir?

La nostalgia, la melancolía, la tristeza la invadían... Cómo era que el pintor le faltaba, aún sin haberlo tenido nunca?

Cómo era que...?

Unos golpes a su puerta interrumpieron sus pensamientos. Rápidamente, se cubrió con una bata, y fué a abrir la puerta.

Allí, con barba de tres días, y ropa llena de pintura, estaba el pintor. Sostenía algunos lienzos, un caballete, su pincel y una botella de vino.

Ella lo vió... Lo reconoció, a pesar de no haberlo visto nunca -pero lo veía cada día! O no?- ni haberle hablado.

Y lo dejó pasar.

El pintor, sin decir nada, armó su caballete, y colocó un lienzo en él. Para cuando terminó de hacerlo, ella ya estaba desnuda en la cama.

Él comenzó su trabajo. Pinceladas plenas, lentas, completas, comenzaron a crear mundos a partir del blanco del lienzo. Anaïs lo veía, y se llenaba de él. Algo latía en su interior, sin ella saber por qué.

El tiempo pasó, y ellos se conocieron. Casi sin verse, casi sin hablarse.

El cuadro se terminó. El pintor se alejó de la obra, y la vió. Con ojo crítico la comparó con la mujer en la cama, y una sonrisa, la primera que Anaïs le veía, dió vida a su rostro.

Anaïs no vió el cuadro, pues seguía de espaldas a ella. Pero vió al pintor acercarse lento, tan lleno de vida como las pinceladas con las que creaba, mientras se desnudaba. La sorprendió ver cuánto deseaba que se uniera a ella.

Él se acercó, acarició sus mejillas con sus manos, y mirándola fijamente, musitó las primeras palabras que ella le escuchó.

"Mi musa..."

* * *

A la manaña siguiente, Anaïs despertó. El sol no la deslumbró, solo la calentó. El ruido no la aturdió, solo la llenó de sensación de permanencia. Y el pintor no la asustó, pues aún dormía, con una sonrisa de niño en sus labios.

Anaïs se paró lentamente, y avanzó hacia la pintura. Al verla, una sonrisa se dibujó en sus labios y sus ojos.

En la pintura, ella y él dormían, abrazados y enamorados, ambos sonriendo mientras dormían...

* * *

Caminando lento, llena de vida, Anaïs se sentó frente a su máquina de escribir. Metió una hoja en blanco, y poco a poco, creó un futuro, sueños, vida en ella...


No vemos jamás las cosas tal cual son, las vemos tal cual somos. -- Anaïs Nin

Creo más en Dios despues de la fortuna de dos cuerpos y el amor. -- Ricardo Arjona

Emily bajó la mirada por un momento. "Bien, la primera es que si me besas de nuevo, creo que terminaremos consumando nuestro matrimonio aquí, esta noche". Los temblores de él crecieron hasta un nivel incontrolable. "Y la segunda?". Ella bajó la mano por su cara hasta detenerse en su hombro. "Realmente quiero que me beses de nuevo". -- Elisabeth Hayen (Rhapsody)

Quisiera ser tiempo... para detenerme en el instante que decidiste dejarme atrás. -- Lua

El mundo decidirá qué será de nosotros. El mundo siempre decide.

Por qué deseamos lo que no podemos tener? -- We don't live here anymore

6 comentarios:

Oscuridad dijo...

No supe qué nombre usar, en verdad. Al final elegí el nombre "Anaïs" como una especie de homenaje a Anaïs Nin, famosa escritora que murió una semana antes de que yo naciera (el día del nacimiento de J! Dos desgracias el mismo día!). La conocí con la película "Delta de Venus", y luego cacé el libro hasta que lo conseguí. Me lo leí en portugués, y se convirtió en otra puerta abierta, porque en su momento -no sé por qué- me negué a leerlo en voz alta. En fin: al leer completo el post, me recordó a las historias de ella...

O.K. dijo...

Chamo, este es uno de esas cosa que uno lee y, luego del placer de haberlo leído, lo que queda es esa infinita envidia del escritor que sabe que no podrá escribir algo tan hermoso como lo que leyó. Me enamoré de Anaïs y de su París (cuyos parisinos detesto tanto). Excelente.

aktin dijo...

Ha transcurrido más de un año desde que no he vuelto a tomar un pincel entre mis manos.
Tanto como el tiempo transcurrido ahora en mi viejo nuevo país.
Junto a mi ventana tengo un lienzo tendido en mi caballete... en blanco desde hace varios días en silencio.
Cuando lo observo... El me habla... me pregunta...
Mientras yo me digo: "Llegará el día..."

Hoy...
Al leerte...
No necesité tomar un pincel para volver a pintar.
Sentí como suavemente mis manos fueron tomadas... para crear... para volver... una vez más.

Y la línea entre escritor escritora, pintor pintora... Dejó de existir.

Aún queda vino en la botella...?
"Aún..."

A tí, Gorka Siverio

Len dijo...

(...)"(Sí, que le gustara a ella. Anaïs no escribía para los demás: como tantos escritores, como tantos artistas, escribía para ella misma).(...)

Si un artista no crea lo que crea, en principio, para sí mismo, ¿cómo podrían sus obras conmover realmente al espectador?. Una obra es el reflejo del mundo interior de su creador, el amor y la pasión que imprime en ella, por eso, cuando un artista sólo crea para los demás, lo único que expresa es vacío interior.

Saludos. :)

CHJ dijo...

Me encantó tu post!

Anais, su pintor y su París....

De los malos trances se sacan grandes vivencias, verdad?

Un abrazo ;)

Oscuridad dijo...

Y de los buenos también...