jueves, 23 de junio de 2011

Historias cruzadas



Escuché sus pasos resonando por las escaleras antes de verla por primera vez. El amortiguado resonar de mis audífonos no lograron ocultar los latidos de ese corazón en su lento pero seguro resonar mientras se acercaba a mí.

Apenas consciente de lo que hacía, volteé justo en el momento en el que ella emergía de las escaleras, segura en su ser como si fuera una estrella de cine mientras se movía por la alfombra roja de un estreno, sonriendo a todos y a nadie al mismo tiempo.

No era bonita. No tenía nada digno de mención, nada que me hiciera voltear a verla una segunda vez, nada que me atrajera. Pero lo hizo. Quizás fuera esa seguridad con la que se deslizaba en su andar, o quizás algún tipo de energía interna que solamente yo podía sentir, pero el caso es que me quedé viéndola fijamente mientras se acercaba a mí.

Su mirada se posó en la mía y me poseyó sin apenas rozarme. Sentí físicamente esa mirada, y espero poder decirle a mis nietos que estuve a la altura, que no flaqueé, que no desvié la mirada ni puse cara de tonto, que no solté ni una vergonzosa lágrima. No quedó constancia de mi proceder, excepto quizás en su recuerdo, y si hablamos con total sinceridad, ya el solo decir eso es pecar de un orgullo totalmente injustificado: quizás no fuí para ella más que un mueble por el que su mirada tenía que pasar forzosamente mientras seguía su camino.

Nuestros ojos se separaron, nuestra mirada compartida se desvaneció en el tiempo, y ella siguió su camino y yo el mío. Me concentré de nuevo en la computadora en la que, momentos antes de verla por primera -y única- vez, estaba escribiendo esta historia, y ella se fué a seguir escribiendo la suya, o quizás solamente a seguir inspirando a otras personas a escribir sobre ella, exactamente como hizo conmigo.

Dudo mucho que ella conozca con cuántas vidas está entrelazada la suya. Y si somos sinceros, dudo que le importe. Sinceramente, a mí tampoco me importa en lo más mínimo. O bueno, si somos sinceros, con excepción es esa vez que su camino y el mío se cruzaron: no le importó a nadie, excepto quizás a tí que acabas de terminar de leer esto, juntando un ratico tu vida, tu camino, tu historia, con la mía...

Y con la de ella...


Todo comienza con una decisión...

Te despiertas una mañana, y piensas "Qué pasó? A dónde se fué todo tan rápido? Hay muchas cosas más que quiero hacer!" (...) Simplemente porque la gente envejezca no quiere decir que abandonen sus sueños o su habilidad para hacer cosas.
-- Sylvester Stallone

El placer no está en follar. Es igual que con las drogas. A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas; bueno…, no es que no me atraigan, claro que me atraen, ¡me encantan! Pero no me seducen, me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve que vale la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar. La mente, Hache, yo hago el amor con las mentes. Hay que follarse a las mentes.
-- Dante (Fuente: marciiana, vía brryanda, vía May)