miércoles, 29 de octubre de 2008

El día que mis manos se tiñeron de rojo


Hace un par de días, durante el fin de semana, mi bebé se sintió mal. Amaneció el lunes, y la fiebre y el malestar de cuerpo aún atormentaban su cuerpecito. No me quedó más remedio que avisar en la oficina y quedarme en casa, haciendo de enfermero del enano.

Cuando mi madre se enteró de que el nieto llevaba un par de días con malestar, me increpó -como de costumbre- por no avisarle, y me dijo que fuera a pasar la tarde en la casa. Asumo que toda abuela tiene la secreta creencia de que su sola presencia bastará para curar a su nieto de las más horribles enfermedades. Y algunas, estoy seguro, están en lo cierto.

Caminé por las calles, tantas veces recorridas durante mi niñez, en dirección a la casa de mi madre. Siempre que paso por allí los recuerdos me golpean: recuerdos de los momentos que ya se han ido, de vivencias que pensé olvidadas, de idas y venidas del colegio con mis amigos, varios de los cuales ya no están tan cerca como antes.

Mientras me acercaba a la casa, ví la pollera que de pequeño me atormentaba, durante el regreso al hogar a la hora del mediodía, con sus deliciosos olores. Al sentir, como antaño, el tirón del hambre al detectar el aroma, pensé en detenerme y comprar un pollo asado para mí y para el pequeño, y quizás para mi madre.

Justo al momento de cruzar el umbral, sentí que me agarraron por el brazo en el que llevaba cargado al bebé. Me giré con una sonrisa, previendo que con seguridad algún amigo o amiga se habría tropezado conmigo, y me querría saludar. No era realmente tan extraño, pues todos vivíamos en la misma zona.

Lo que me encontré fué con un tipo flaco, moreno, con un bigotito ridículo. Era más bajo que yo, y la ropa que llevaba había visto con seguridad épocas más felices.

Y tenía una navaja en la mano, con la que me amenazaba, disimulando sólo a medias.

- Mira, panita, bájate de la mula!

En seguida me congelé. Claro que me habían robado, pero nunca alguien armado, o al menos nunca esgrimiendo el arma tan cerca y con tanta determinación.

- No escuchaste? Dame los reales!

Lo reconozco: me puse obtuso. Uno no sabe cómo reaccionará ante una situación hasta que se encuentra en ella. Algunos dicen o piensan, inteligente pero deshonrosamente, "si me atracan, les doy lo que pidan, pero que no me hagan nada". Otros, por rabia, indignación o impotencia, se inclinan por una actitud más agresiva, de mantener su derecho a vivir sin miedo, o al menos a morir de pie en lugar de vivir de rodillas.

Yo, realmente, no tenía un criterio formado, aunque realmente nunca he sido agresivo. Normalmente aguanto lo que ocurra con estoicismo, no por miedo o dejadez, sino porque considero que es el curso de acción que más beneficios reportará.

La única explicación que se me ocurre para lo que hice es el hecho de que tenía al bebé cargado. Quizás podía manejar perder mi vida, pero no la de él.

Instintivamente, alocadamente, empujé al malandro y corrí hacia el interior de la pollera.

Deseaba, esperaba, rezaba para que el ladrón se amedrentara ante la gente del restaurant. Sin embargo, en algún momento algo se rompió en la sociedad de mi país; en algún momento los malvivientes se sintieron con derecho a atemorizar a los demás; en algún momento los policías le temieron a los ladrones y no al revés... En algún momento, los malandros perdieron el miedo a lo correcto.

El ladrón corrió tras de mí.

Corrí entre las mesas, tropezando con los clientes que estaban comiendo en ellas, hasta llegar al final del área pública del restaurant, y me metí a la cocina. Justo tras de mí, entro el hombre con la navaja.

No sé qué ví en sus ojos, pero al instante supe que no me perdonaría el empujón, que tomaba como una afrenta personal que no le hubiera dejado robarme. En ese momento comprendí que, para él, yo era el culpable de todo lo malo en su vida, incluyendo su decisión de robar. Comprendí también que mi vida no le importaba en absoluto.

- Vas a ver, gordito! -dijo, convirtiendo las 'r' en 'l', casi como si fuera un chino, de esa forma tan particular e inexplicable que tiene la gente de los más bajos estratos sociales- Le voy a volver mierda la cara a ese carajito que llevas!

Mis peores temores se hicieron realidad, y sin embargo, en ese momento todo se calmó. Como si estuviera fuera de mi cuerpo, ví como el temor me abandonaba. En cámara lenta, dejé al bebé en el piso, tras de mí, y agarré un cuchillo de la cocina, con la seguridad de que era lo único que podía hacer. Sin poder detener a mi cuerpo, me ví avanzar hacia el ladrón.

Instantes, segundos, horas, eternidades después, ambos estábamos en el piso. Mis piernas habían perdido las fuerzas, y mi tembloroso cuerpo había ido a dar al piso; un par de heridas hacían que mi sangre escapara de mí, pero ni siquiera las sentía.

A mi lado, con una se sus piernas sobre una de las mías, estaba el malandro. Un gorgoteo horrible salía de su garganta, mientras se ahogaba en su propia sangre. Una cálida mancha, más marrón que roja, se extendía bajo él.

Sabía que mi bebé estaba ahí, tras de mí, llorando pero seguro y bien, pero sencillamente no podía pararme a levantarlo. Aún fuera de mi cuerpo, noté que algunas de las personas de la cocina se acercaban a mí, me preguntaban si estaba bien, me decían que me fuera. Recuerdo vagamente que pedí que llamaran a la policía, y a mi madre para que buscara al bebé, aunque realmente no recuerdo haber dicho nada. Y a partir de ahí, no guardo ninguna memoria real del resto del día, sino retazos confusos...

Aún no sé qué pasará. Quizás nada. Quizás todo. A lo mejor me dejan ir, por ser defensa propia, por las circunstancias atenuantes, por el bebé. A lo mejor parte de mi vida pertenecerá desde mañana a una cárcel. A lo mejor un colega del malandro decide que hay algo que vengar.

Si mañana escribo, será porque aún sigo sin saber qué pasará. No sé si eso es bueno o malo...


El sauce conoce lo que la tormenta no: que el poder de soportar el daño sobrepasa el poder de inflinjirlo. -- Magic (La sangre del mártir)

Tú eres un asesino. Yo sólo soy un hombre que a veces mata. -- Wolverine a Sabretooth

11 comentarios:

CHJ dijo...

Es ficción, cierto?

Quiero pensar que es ficción...si no lo es espero que Dios esté contigo y la justicia llegue y se muestre ante tí.

Mucho ánimo!!!

Estaré pendiente

Capochoblog dijo...

Al igual que CHJ, espero que sea ficción... y que todo tomé el cauce que deba tomar.

Besos.

Oscuridad dijo...

Antes de seguir preocupando a mis chicas, les diré que sí: les aseguro que es ficción.

Bueno, casi... El bebé sí está enfermito, y sí me tocó faltar al trabajo, y la situación social del país sí apesta. Pero gracias a Dios, hasta ahora nunca me han tratado de robar estando con él, y no he matado a nadie, aún.

Lo escribí a propósito así, a ver qué tan real sonaba, y le puse suficiente verdad para que hasta los conocidos duden...

Gracias por su preocupación, y espero calmarlas con esto. Besos a tod@s.

Len dijo...

Dios mío, te juro que no sé si arrecharme o no contigo por semejante susto que me acabé de llevar leyendo ésto...
También me hiciste recordar también lo que le pasó a Alberto y que fué la guindita que nos hizo adelantar la huída estrepitosa de Venezuela.

CHJ dijo...

Hay pero tan cómico ....

Es triste que uno no sepa que pensar, porque esto no es raro en Venezuela! lamentablemente...

ÓNIX dijo...

ES LAMENTABLE PERO CIERTO, NUESTRO PAÍS CADA DÍA ES VICTIMA DE TANTO AGRAVIO Y DELINCUENCIA.
Y ES NORMAL QUE ANDEMOS POR LA CALLE EN SOSOBRA Y TEMOR PORQUE CON TANTO BANDALISMO NUNCA SE SABE LO QUE PUEDA PASAR.
ME GUSTO MUCHO TU BLOG. SALUDOS...

Anónimo dijo...

Te juro que casi me da un ataque de nervios cuando lo lei... Menos mal que cuando lo hice ya habias puesto el comentario de que era ficcion xq si no me da algo!!! Lo que mas temo de estar tan lejos de Venezuela es que le pase algo malo a mi familia o a mis amigos y yo este tan lejos. Por favor no lo vuelvas a hacer. :S

Un beso para ti y un abrazote para Lui y el niño, ojala ya este bien de salud.

Lina

moni dijo...

Ya me habias sustado, menos mal que lo del malandro era ficcion, espero que el enano este mejor.

Trustno1 dijo...

El coño de tu madre... Con esas vainas no se juega.

Toston dijo...

jajajaja ta buena la vaina...

Yukino M. dijo...

Qué poco te conocen... jijiji
Muackatta!!

Aunque tienen mucho de razón en decirte: con estas vainas no se juega.