miércoles, 10 de diciembre de 2008

Dulce y fría


- Matar a alguien es facilísimo -sentencié.

Ellas se quedaron viéndome, tal vez porque notaron lo lapidaria de mi sentencia. Como tantas otras veces, me maravillé de la forma en la que un tema de conversación lleva a otro, casi por casualidad. Sin inmutarme, sin apenas levantar la mirada, asentí lentamente mientras seguía dándole vueltas a la afirmación.

- Facilísimo... -repetí, marcando las sílabas.

Mi suegra me siguió viendo, seria, mientras mi cuñada se sentaba frente a mí, sonriendo, obviamente pensando que estaba bromeando.

- Y desde cuándo te convertiste en asesino en serie? -preguntó- Me molesta un poco la gente que habla de lo que no conoce.

- Y a mí -concordé-, pero aún así siempre podemos aventurar una opinión de lo que creemos que haríamos, sobre todo si nos conocemos bien a nosotros mismos, y si estamos dispuestos a entender que quizás nos equivoquemos completamente...

- Tonto -sonrió mi cuñada, y se levantó de la mesa para seguir con sus cosas.

Quedamos en silencio unos momentos, cada quien encerrado en sus pensamientos, hasta que mi suegra me preguntó, en un tono de quien no quiere saber, pero que no puede evitar preguntar...

- Estabas hablando en serio?

- Sólo digo que, con las razones adecuadas, con algún motivo lo bastante fuerte, muchos de nosotros mataríamos sin dudarlo. Sin titubear... Si la vida de alguien a quien quiero estuviera en peligro, yo al menos creo que no tendría reparos en matar a quien la estuviera amenazando.

- Sí, te creo... -agregó- Pero no sé por qué sentí algo distinto en tu tono cuando dijiste que era fácil... Tu mirada... Algo, no lo sé. Sentí que hablabas de algo real, no de un juego de suposiciones.

Me llevé la taza de café a los labios, y tomé otro sorbo. Se había quedado frío, y sabía a rayos, pero necesitaba tomar algo, aunque fuera para quitarle tensión al momento con el gesto.

- Me estás asustando un poco... -repitió en el mismo tono- Estás hablando en serio?

Nos quedamos en silencio, mirándonos uno al otro a los ojos, por un tiempo imposible de medir, cada uno enfrentado a sus miedos, a sus recuerdos.

- Recuerdas ese día? -le pregunté- Esa noche...?


Era ya noche cerrada cuando salimos de casa de mis padres. La reunión había sido genial, pero nuestra hora había pasado hacía ya algún tiempo.

Abrigándonos del frío, ella cargando los bolsos y yo llevando al bebé dormido, atravesamos la avenida para esperar la camioneta que nos llevaría a nuestro hogar. Sin embargo, el tiempo pasó, y ningún vehículo nos vino a rescatar de la noche y el frío.

- Panita, tienes hora? -malandreó una voz tras nosotros. Cuando nos volteamos, el cañón de un arma nos saludó desde más cerca de lo que hubiera sido deseable- Dame los reales, coño de tu madre!

No supe cómo explicarle que no había cobrado aún, porque como siempre la quincena se había retrasado. No supe convencerle que, de haber tenido dinero para un taxi, no hubiéramos estado parados en esa avenida cuando ya era casi medianoche. No supe cómo rogarle que dejara de apuntarnos con el arma, no por mí, sino por el bebé que cargaba. No supe tampoco por qué disparó. Y no supe cómo ella logró ponerse en medio.

La noche terminó en un charco de sangre, con ojos vidriosos reflejando mis lágrimas, mientras mis gritos de dolor seguían a una sombra que se alejaba...



- Lo encontré... -Mi suegra me miró con los ojos llenos de lágrimas. No acertó a decir nada, por lo que continué hablando- Reconozco que hasta cierto punto lo busqué, pero realmente me lo conseguí por casualidad. Luego de un par de cervezas, lo convencí de que necesitaba que me hiciera un trabajo de construcción en la casa. Él necesitaba el dinero, y aceptó. Unos días después lo pasé buscando en el carro para llevarlo a la quinta, para que hiciera el trabajo. En ese momento, ya tenía todo preparado...

Ella me seguía viendo, sin decir palabra. Las lágrimas ahora anegaban todo su rostro, y goteaban oscureciendo el mantel de la mesa, pero no hizo además de detenerme. Sin prisa pero sin pausa, continué con mi relato.

- Lo bajé al tanque, para que sellara una ruptura que se había hecho por causas naturales... Es natural que un tanque se rompa cuando lo golpeas con un martillo y un cincel -bromeé patéticamente-. Con la tercera cerveza que le dí, se quedó dormido.

- Los calmantes que me pediste... -dijo. No me molesté en confirmarlo.

- Despertó cuando el agua lo tocó. Para ese momento ya estaba esposado a los tubos del fondo del tanque. Calculé que tardaría cerca de una hora en llenarse del todo, y en ese tiempo me aseguré de que la espera le doliera. Me aseguré de que se acordara de quién era yo, y de por qué le estaba haciendo lo que le estaba haciendo. Y me aseguré de que sufriera lo más que pude. Si de algo me lamento, es de no haberlo hecho mejor. A veces pienso que podría haberlo tenido días en esa situación...

Ningún comentario salió de sus labios, por lo que continué.

- Cuando faltaban unos quince minutos, lancé un manojo de llaves en el tanque, y me alejé. Las herramientas las había dejado en el tanque, para deshacerme de ellas, y quizás con ellas, a pesar de haber estado esposado, hubiera podido alcanzar las llaves y tratar de abrir las esposas...

- Pero no pudo? -interrumpió con voz temblorosa.

- Sí. Todo salió perfecto. Las alcanzó, las probó una a una, con la desesperación de ver como su fin se acercaba inevitablemente... Pasó los últimos minutos gritando horriblemente, con el dolor de quien ve a la muerte acercarse y no está preparado.

- No consiguió la llave correcta?

- No hubiera podido -dije, mientras sacaba mi llavero. Además de las llaves de la casa, estaba una llave que no abría ninguna puerta existente en la actualidad. Una llave que nunca llegó al tanque.

- No se cuánto tiempo pasó luego de que los gritos cesaron -continué-, pero al final me acerqué. Tenía los brazos arañados, en un intento de quitarse las esposas, y el llavero aún estaba entre sus manos crispadas... Luego de vaciar el tanque, lo llené de cemento con todo lo que estaba adentro, lo tapé, y lo frisé. Ahora es una parte más del piso de cemento por el que llegas al jardín.

Un suspiro entrecortado salió de sus labios, mientras apoyaba su rostro en sus temblorosas manos y se entregaba al llanto. La dejé llorar todo el tiempo que fué necesario, mientras fuertes temblores movían su cuerpo. Al final, se calmó, y continué.

- Realmente, fué facilísimo. Y no estoy orgulloso ni nada de eso, pero créeme que si tuviera la oportunidad de revivir esos momentos, y quizás cambiar algo, haría de nuevo exactamente lo que hice. Quizás, como te dije, me tomaría un poco más de tiempo... Por ella... -luego de una pausa, continué- Lo mejor hubiera sido callarme, y no meterte en este paquete, no darte este peso, pero pensé que quizás querrías saber. Ahora, haz lo que creas correcto...

Unos momentos después, mi suegra se paró de su asiento y me abrazó, aún temblando ligeramente... Un susurro, que no entendí del todo, escapó de sus labios; creo que lo que logró balbucear con un hilo de voz fué un tembloroso "Gracias...".

Lentamente, subió a su habitación, a tratar de descansar con una noche que quizás no le premiara con el sueño que necesitaba. Yo me serví otra taza de horrible café frío, y me senté de nuevo a la mesa, donde me encontró el amanecer.

Nunca volvimos a hablar de ello, por lo que aún hoy en día no sé si hice bien en decirle la verdad. No sé si se alegra de que haya hecho lo que hice, o si hubiera preferido no enterarse.

Creo que las dos cosas al mismo tiempo...

El caso es que, créanme, fué facilísimo...

Y volvería a hacerlo...


Nadie debe ser perfecto para ser lo que necesitas. -- Elliot (Scrubs)

El hombre correcto es aquel que, estando solo, no hace lo que no debe hacer estando acompañado. -- Antonio León

Un ángel vela un sueño. Un cuervo espera una muerte...