domingo, 7 de junio de 2009

Viviendo como adultos


En estos días nos encontramos algunos amigos de la misma generación en una clínica, con motivo del nacimiento del bebé de uno de ellos.

Recuerdo los comentarios que generé en su momento al casarme -fuí uno de los primeros en hacerlo- y al convertirme en padre -definitivamente el primero- entre el grupo de amistades. En general, el sentido de todas las frases era: "Nos estás poniendo viejos".

(Para los que no entiendan el significado de la frase, digamos que el hecho de que uno del grupo se casara o tuviera bebés hacía -automática y obligatoriamente- que los demás se pusieran a pensar "Ya es tiempo de que piense en ello". Ergo, que se dieran cuenta de las etapas que han ido dejando atrás...)

Sin embargo, por muy viejos que nos estemos poniendo -ya muchos del grupo y sus satélites se han ido casando, emparejando, y/o embarazando- me llama la atención que no terminamos, realmente, de crecer. Y no creo que esto sea un fenómeno particular de nuestro pequeño e inmaduro grupo, sino que estoy convencido de que es un virus más entendido en la actualidad.

Los adultos contemporáneos -como nos tituló una conocida emisora en su slogan- tienen una actitud muy diferente ante la vida a la de sus contrapartes de hace una generación. No sé si es que hasta hace algunos años los valores eran más valiosos, o es que sencillamente el siglo XXI nos ha modernizado a todos; tampoco sé si la diferencia en estos veinte años es la misma que en los años anteriores -a saber, si entre mi mamá y mi abuela hubo la misma diferencia que entre mis padres y yo, o si alguna vez mis padres o mis tíos pensaron esto que ahora escribo, y no lo escribieron porque les faltaba una pequeña cosa para hacerlo: Internet-.

Mientras estábamos en la clínica escuché y participé en varias conversaciones, y en todas pasó lo mismo: las disfruté. Viniendo de más o menos el mismo grupo, con más o menos los mismos gustos, y más o menos el mismo nivel educativo y profesional, no es tan extraño, cierto, pero aún así me llamó la atención los temas de las conversaciones:

"No, chamo, yo prefiero la Playstation" "Eso es porque no has probado un X-Box" "Nah, eso lo único que tiene es Halo" "Yo sé que un Wii no les llega en cuanto a potencia de procesamiento a las otras, pero que mi bebé y mi mamá puedan jugar en él, vale su peso en oro" "Ya lo chipeaste?" "La máquina no es buena solo por su hardware, sino por los títulos que tiene, y el número de tus panas con los que puedas cambiarlos" "Y ahora que este parió, por el postnatal, va a tener tiempo de escribir módulos, no?" "Por cierto, abrí un nuevo party" "Será que jugamos este fin?" "Ya creaste personaje en Lineage II?". Y para de contar...

Y mientras escuchaba, y participaba, y disfrutaba, no podía hacer otra cosa que reirme para mis adentros. Recordé también la última boda del grupo a la que fuimos, y el hecho de que cuando esperábamos a que llegara nuestro carro en el salón, para irnos luego de que la boda terminó, una mesa completa de adultos, hechos y derechos, músculo productivo nacional, y que realmente no éramos de la misma guardia, discutía sobre las comiquitas de cuando uno era chamo -"Verga, pero es que Candy era una puta!" "Calla, si no se acostó con nadie! A todos los pelaba'" "Peor aún... Puta, y pendeja"-, y cantaba las pegajosas e inolvidables tonadillas de sus openings.

(Y no estábamos borrachos, ojo!)

No me imagino a mi papá, ya conmigo nacido, hablando de sus panas sobre la comiquita de ayer o de hace veinte años. Me lo podría imaginar hablando de fútbol -el partido de ayer o de hace veinte años-, que quizás viene siendo lo mismo disfrazado de otra cosa, igual que me lo imagino jugando Dominó o Envite, que viene siendo lo mismo que Rol o Video-Juegos, solo que por alguna razón los primeros si son juegos "de hombrecitos".

Me gustaría pensar que somos tan maduros como nuestros padres a nuestra edad, solo que ahora tenemos una nueva forma de ver la vida. Ellos eran los que nos prohibían jugar mucho al Atari o al Nintendo, porque esos video-juegos podían deformarte la mente o dejarte ciego -y además, para ellos eran una cosa rara-. Pero nosotros crecimos jugando -y aún lo hacemos mucho!- y con seguridad no seremos tan extremos con nuestros chamos: haz la tarea antes de jugar, pero juega tranquilo. Es más, con seguridad la mayor pelea que tendremos con nuestros hijos será qué juego poner para poder jugar ambos a la vez...

(Saben que les emociona pensar que algún día rolearán con sus hijos. A que sí?)

En esta época de tecnología, información al alcance de la mano, vida políticamente correcta y demás, muchas veces me viene a la mente que ahora la vida de adulto es aburrida, muchas veces por mi propio caso, donde normalmente termino el día sin nada meritorio que contar -y donde además, a la noche, gracias a internet, ya todo lo contable está contado-.

Sin embargo, y a pesar de ello, me gusta mucho ser adulto en esta época en la que no lo somos tanto, y disfrutar de juegos, cómics y demás tanto como lo hago del sexo, las rumbas, un buen vino y un buen libro. Y aquí entre nos, me fascinan esas conversaciones sobre comiquitas viejas. La única nota triste, en esos casos, es recordar a los que no están junto a nosotros para participar en ellas.

Espero que hayan conseguido nuevos adultos igual de niños que nosotros...


Aquí yace Arthur Clarke.
Él nunca maduró,
pero nunca dejó de crecer.

-- Epitafio de Arthur C. Clarke

Si quieres conocer la verdad de la vida y de la muerte, debes reflexionar continuamente sobre esto: sólo existe una ley en el universo que no está sometida al cambio: la de que todas las cosas cambian y ninguna es permanente. -- Sogyal Rimpoché (El libro tibetano de la vida y de la muerte)

1 comentario:

moni dijo...

Lamentablemente o afortunadamente me quede en el Pacman, no llegue a Mario Bros, eso de recordar el pasado es mal de nuestra generacion de los que tenemos 30, de la cual saldre en 4 años, pienso que rejuvenecemos en vez de envejecer, y algunos, como el buen vino mejoramos, disfrutemos esto, ya nuestros hijos pasaran por eso cuando tengan 30. Candy fue una puta pendeja.