viernes, 23 de enero de 2009

Confesiones


Cuando la vida era perfecta (o sea, cuando era un carajito con la única labor de ver comiquitas), y hasta que me convertí en un joven, crecí con la plena certeza de que Dios existía. Un Dios bíblico, a veces tierno padre, a veces vengativo creador, que nos juzgaba de acuerdo a lo que hacíamos, pensábamos y hasta sentíamos.

En ese momento todo estaba clarísimo: ni yo ni nadie nunca íbamos a morir, y cuando lo hiciéramos (ilógico?) nos iríamos al Cielo, al Infierno, o a una sala de espera llamada Purgatorio, donde hay un gato en el medio. La selección se haría blanco-negro, sin grises: si tuviste la mala leche de morirte sin confesar los pecados (o sea, los incumplimientos a los Diez Mandamientos) que hubieras cometido, zuas!, de cabeza al Infierno. Si tu currículum estaba limpiecito como un sol, pues arribita al Cielo. Y si tu pecado era de los chiquiticos, o en verdad habías llevado una vida digna de santo, pues al Purgatorio, a que alguien analizara tu caso.

Cuando salí de esa cosa llamada adolescencia y me convertí en un neo-adulto, algunas cosas dentro de mí comenzaron a cambiar. Quizás fuera el hecho de que la Ciencia y la Religión tienen algunas peleas irreconciliables, en las cuales la Ciencia pelea con pruebas, y la Religión sólo con creencias. O quizás fuera que ví el craso error en el hecho de que si Santa Tecla dijo una mentira y se murió sin confesión, se fué al Infierno -o en el mejor de los casos al Purgatorio-, mientras que si Jack el Come-Intestinos-De-Bebé se confesó 5 minutos antes de morirse, ganó pase VIP al Cielo.

El caso es que comencé a dudar un poco de mis graníticas convicciones, y me volví un poco más Arjónico que Apostólico: comencé a creer más en Dios como una suma de los buenos deseos o capacidades de los seres vivos, como un alma del mundo, una suma de conciencias y de la capacidad de crear, sentir y hacer el bien, que en un ser todopoderoso que en verdad existiera. Me dije que sí tenía que existir algo maravilloso para que la vida se hubiera creado, pero que esa cosa no era necesariamente obra de un "alguien" que estuviera jugando Sim-Life con el Universo. Que sí, que teníamos que portarnos "bien" -aunque ahora ese "bien" no fuera un concepto similar en todo el universo, ni siquiera en todas las culturas de este ancho mundo-, pero para lograr hacer de esta existencia un lugar mejor para los que venían tras nosotros.

Sin embargo, ahora que entro a los treinta-y-pico, y que he vivido -aunque no tanto como quisiera, pero más de lo que muchos han logrado-, me descubro cada vez más cínico y falto de fé. Veo a mi alrededor el caos en el que nada mi ciudad, y quizás el mundo entero. Veo el mal que es capaz de hacer el ser humano, dañando y matando a su alrededor sin pensar en otra cosa que su propio bienestar.

Hoy en día me siento a pensar en cuál será el siguiente paso, en qué vendrá después de esta vida, y a pesar de que aún albergo la secreta esperanza de que quizás haya otro escalón (Cielo, Infierno, Reencarnación, Fusión con el Alma del Mundo, o alguna ilusión que se repetirá de forma infinita), el caso es que hoy por hoy me siento bastante seguro de que cuando la muerte nos visite, no habrá ningún premio o castigo.

No habrá nada.

No es que habrá un gran vacío, o un gran espacio negro, o un largo infinito de aburrimiento. Es que, sencillamente, dejaremos de existir. Se habrá acabado la película en la que éramos protagonistas, y no habrá nadie que comente nuestra actuación y que felicite al actor que la hizo con una estatua de un tipo dorado.

Habrá quien nos recuerde por algún tiempo, nos extrañe, y hasta le duela nuestra falta, pero realmente todo seguirá igual, excepto para nosotros, pero no importará porque ya no existiremos...

Pensar así me causa sentimientos encontrados. Primero, porque me sorprende ver que aún así trato de seguir siendo buena persona, y no sé por qué... Aunque me alegra.

Segundo, porque me sorprende aún más lo cínico, práctico y seco que me voy volviendo, y me asusta pensar qué quedará de mí dentro de otros treinta años. Definitivamente, yo como viejo creo que seré bastante inmamable e insoportable.

(Siéntense un momento a pensar en todos esos rituales a los que nos obligamos, como la monogamia, las corbatas, las dietas, los horarios, los códigos de vestimenta, las cosas impuestas, las fiestas que realmente no representan nada, la lipo y las tetas plásticas, las guerras, las órdenes de quien no sabe, el irrespeto de quien puede, y díganme si vale la pena opacar nuestra vida de esa forma).

Y tercero, porque me hace sentir que no debemos caminar por esta vida como si tuviéramos un segundo chance, como si siempre nos quedara un tiempo infinito por delante, sino que tenemos que vivir de verdad cada instante, y aprovechar las ocasiones que tenemos de disfrutar, crecer, conocer, vivir, sentir... Que tenemos que cometer más errores, perder el miedo a equivocarnos porque es esa la única forma en la que podremos ganar experiencia (para subir de nivel) y vivir esta vida, la única que tenemos.

Es pensar así lo que me ha hecho hacer lo que creo apropiado, y decir lo que creo correcto, sin que mis estúpidos miedos me detengan. Es sentir así lo que me ha hecho darme cuenta de que no me arrepiento de lo que he hecho, sino de lo que he dejado de hacer. Es creer así lo que me ha hecho golpearme con que quizás no me vuelva a confesar más nunca, pues sería bastante falso confesarme por cosas de las que no me arrepiento, que sabía que podían ser consideradas como inapropiadas desde antes de hacerlas, y que incluso las volvería a hacer si la misma oportunidad se me presentara.

Quiero disfrutar de una larga vida, quiero hacer del mundo un mejor lugar, quiero ayudar a las personas a crecer y a sentirse bien, quiero ganar estatuas y premios, quiero que me quieran, quiero que me respeten, quiero dejar una huella -aunque sea ficticia- en este mundo, pero quiero hacerlo a mi manera. Y eso probablemente signifique que, quien conozca mis pecados de ahora en adelante, probablemente lo haga solo de manera informativa, y a sabiendas de que los disfruté y me enorgullezco de ellos, porque me han hecho quien soy, para bien o para mal.

Porque me han hecho vivir. Y, por ello, los volvería a cometer...


No hay razón para ir a través de toda esta basura, si no vas a disfrutar del viaje. -- Irving Feffer Mi novia Polly

El más grande error que la gente comete en su existencia es no tratar de ganarse la vida haciendo lo que más disfrutan. -— Malcolm Forbes

Viendo curriculums me doy cuenta de lo decisivas que son las decisiones que uno toma cuando no tiene criterios para tomarlas. -- Rafael Álvarez

"Magia" es hacer lo que se hace con entrega total, con la mente alli, sin vacilar, sin criticas ni inhibiciones. -— Filosofía Zen

1 comentario:

moni dijo...

No cometas el error de confesarte a un sacerdote, vive tu vida como mejor te plazca, haz todas las locuras que quieras, salta en benji, saludame de vez en cuando.