miércoles, 27 de febrero de 2008

Mutación Inestable


Sol...

Arena...

Calor...


El hombre se detuvo un momento, y entornó los ojos en dirección al lejano horizonte. Ninguna esperanzadora estructura rompía la monotonía del paisaje. Dunas, dunas, y más dunas, hasta donde la vista alcanzaba, con la excepción de alguna ocasional roca. La arena lo dominaba todo.

El sol se estaba poniendo a sus espaldas, y su larga sombra le servía de guía, lo que se sumaba a las razones por las que prefería caminar por la tarde: el sol no le daba de frente en los ojos como ocurría en la mañana, el leve frescor -que más que frescor era sencillamente un calor ligeramente más leve- de la vecina noche ya se dejaba sentir, y no tenía que pensar sobre hacia dónde caminar: le bastaba con seguir a su oscura brújula.

Le hizo gracia pensar en sombras... Él mismo era sólo una sombra de lo que había sido un par de días antes, y estaba consciente de eso. Había pasado de tener una vida, y sufrir por muchas cosas sin importancia, a no saber si habría un mañana, y preocuparse solo por su supervivencia y la de los niños.

La noche cayó sobre él. Sabía que caminaría sin descansar hasta que el nuevo amanecer naciera y comenzara a cegar su mirada con la suya. En ese momento buscaría alguna depresión, o algún grupo de rocas, o montaría apresuradamente la destrozada tienda de campaña que cargaba, y descansaría a medias hasta que el calor del día declinara un poco.

* * *

Las tarde y las noches eran siempre iguales entre sí: caminar, volteando de vez en cuando, con temor a verlos acercándose.

Las mañanas también eran siempre iguales: dormir un sueño interrumpido y superficial, una duermevela plagada de pesadillas que eran a veces recuerdos y a veces predicciones, y muchos despertares llenos de miedo, y del mismo temor que lo acosaba en sus horas de camino.

Entre los pocos pensamientos jocosos que se permitía, estaba el mismo cada mañana: era el tipo de despertar en el que normalmente hubiera amanecido cubierto en sudor, si su cuerpo se hubiera podido permitir el lujo de ese desperdicio de líquido.

Las pesadillas más recurrentes parecían haber sido parte de él toda una vida, en lugar de unos pocos días... Siempre eran las mismas: la caída de la nave, la cacería de las bestias, la muerte del viejo, y la que siempre lo devolvía al mundo de los vivos, el momento en el que él sucumbía a su transformación y se comía a los bebés...

* * *

Desde que pasó La Subida, como comúnmente la conocía el populacho, la arena había comenzado a apoderarse, lenta, inexorable, de todo el mundo. Pocos quedaban que recordaran el verdor que antes cubría valles, montañas, bosques. Los jóvenes solo recordaban un mundo de desierto, con pequeñas islas de seguridad -las ciudades- desperdigadas por él.

Es increíble pensar lo que un aumento de un par de grados de temperatura puede hacerle a las cosas. A un humano, lo prende en fiebre, y altera sus funciones. A un mundo, lo convierte en una tumba reseca...

Una sombra cubrió el inexpresivo rostro del caminante. Recordó la salida de la nave, un vuelo de rutina entre dos ciudades. Recordó la caída, por razones que no llegó a conocer, a algunos días a pie de su ciudad de destino. Sintió de nuevo el estremecimiento del choque, el dolor de ver a su esposa muerta a su lado, el miedo por salir de la trampa de metal en la que se había metido, cargando a su pequeño hijo. Recordó las caras de los pocos sobrevivientes que compartían con él el dolor, la alegría y la vergüenza de seguir vivos, como pidiendo disculpas a los que no lo lograron.

Y recordó a la jauría acercándose...

* * *

Al menos no tenía problemas inmediatos con la comida y la bebida: tuvo suficiente presencia de ánimo para recoger algunas de las comidas deshidratadas que habían quedado esparcidas junto a los metales deformados y los cadáveres destrozados. Tuvo la suerte de conseguir un micro-alambique funcional, parte del equipo de emergencia normal en cualquier vehículo trans-desierto, por lo que el agua no representaba realmente un dilema. Pero no podía contar con que el alambique aguantara el mal trato del viaje, y sus reservas de comida continuaban bajando de forma cada vez más alarmante. Cada vez comía menos, para guardar más para los niños, a pesar de saber que la única esperanza de los tres estaba en la velocidad con que él pudiera avanzar.

Pero problemas sobraban... Temía por la salud de los bebés; estaban demasiado expuestos al calor y al clima insalubre del desierto. No sabía con total seguridad si iba en buen camino a la ciudad, o solo se adentraba más en el desierto. Y tenía más bestias que las que había visto en su vida pisándoles los talones, y relamiéndose mientras pensaban en su próxima comida...

Él.

Los niños.

* * *

Lo sobrevivientes no lograron ponerse de acuerdo sobre la ruta a seguir. Dos grupos partieron en direcciones distintas, cada uno esperando haber calculado bien la dirección de la ciudad, todos sabiendo que más nunca verían a los miembros del otro grupo: quizás alguno habría acertado, quizás no. Uno de los dos grupos, o los dos, estaban condenados.

El hombre caminaba con la fortaleza de la desesperación. Cargaba a su hijo, y prácticamente arreaba al resto del grupo.

Un hombre en sus sesentas cargaba a una niña aún más pequeña que el bebé; su nieta, que llevaba de vuelta a casa de su madre. El joven había conocido al hombre hacía muchos años -en otra vida- cuando la vida lo acercó a la madre de la niña. En otra vida, otro mundo, en una realidad que nunca sería real, ambos bebés podrían haber sido hermanos, o haber sido uno solo...

Una jovencita, que apenas llegaría a tener veinte años, completaba el grupo. Había elegido ir con ellos solo porque pensó que tendría más chance con hombres adultos; en el otro grupo eran todos jóvenes como ella.

Casi un día después de comenzada la marcha, se unieron algunos seres más al grupo. A lo lejos, por casualidad y sin mucha certeza, vieron que un grupo de bestias los seguía.

* * *

Nadie sabía con exactitud de dónde habían salido las bestias. Unos decían que eran la respuesta obvia a los cambios climáticos del planeta, evoluciones de los animales con los que habíamos vivido hasta entonces. Otros sostenían que eso no tenía sentido; que quizás el calor había despertado a una raza de seres que habían vivido bajo tierra hasta entonces. Otros, quien sabe si más acertados o terriblemente errados, sostenían que tanto las bestias como La Subida tenían origen sobrenatural, o que eran un castigo terriblemente cínico de Dios: no les enviaré un diluvio, pero les robaré el agua.

Las bestias no tenían una forma definida; más bien parecían grotescas caricaturas de los animales normales. Deformes, despellejados, totalmente salvajes, más grandes, más resistentes, más rápidos, muchísimo más peligrosos...

Y altamente contagiosos.

Si una bestia te mordía, te arañaba, intercambiaba fluidos contigo, quizás no te pasaría nada. O quizás morirías en un par de días, sangrando por todos tus orificios. O quizás, lo peor de todo, serías presa de una mutación inestable que podría mutarte a tí también a una forma similar a las bestias. O a una forma mucho peor...

* * *

Llevaban dos días a paso forzado, y las distancia que los separaba de las bestias había disminuído un poco. No mucho, pero sí seguro.

El día anterior se habían enfrentado a una dura prueba. La chica había resbalado mientras escalaban una pequeña cadena de rocas que les obstaculizaba el paso, y se había roto una pierna. Por un par de horas la ayudaron, la cargaron, la arrastraron, hasta que vieron que la distancia con sus asesinos se había recortado mucho más.

Es fácil tomar una decisión tan dura como esa cuando lo que está en juego es la vida de tu hijo, la vida de tu nieta.

Ahora, el grupo se había reducido a sólo cuatro personas. Y las bestias aún los seguían.

* * *

- Hay cosas por las que vale la pena morir, muchacho...

El viejo colocó la cadena, con la imagen de un santo que el hombre no reconoció, alrededor del cuello de la bebé, que le sonrió sin fuerzas. Le hizo un cariño en la mejilla mientras sus ojos tristes la miraban como para recordarla toda una vida. Y luego, sin ninguna palabra más, comenzó a descender en dirección a las bestias.

El joven se acomodó a los niños y sus pertenencias lo mejor que pudo, y siguió el ascenso. No sabía qué haría el viejo. Quizás se iría en otra dirección esperando borrar el rastro de los jóvenes, aunque eso era muy probable que no sirviera de nada. Quizás botaría algunas piedras hacia las bestias, lo que a lo mejor les daría algo de tiempo. Sumado al tiempo que tardarían en dejarlo en los huesos, quizás lograse darles un par de horas.

Era necesario un gran valor para hacer lo que el viejo había decidido. Y el joven se sentía terrible por habérselo permitido. No sería hasta algún tiempo después que pensaría que su destino, sus pruebas, serían con total seguridad mucho más terribles que las del viejo.

Con lágrimas que no fluyeron, el hombre apretó el paso. Quedarse haría que el sacrificio del anciano fuera en vano. Quería cumplir su promesa de llevar a la niña a los brazos de su madre. Quería salvar a su hijo. Y además, no quería escuchar sus gritos cuando las bestias lo alcanzaran.

El viento del desierto castigó al hombre trayéndole esos sonidos un tiempo después...

* * *

Ya no sabía cuánto tiempo había pasado. Ahora, los días se fundían en un solo miedo, en un solo caminar. Nada diferenciaba un momento del otro. Ni siquiera los lloros, las quejas, los gritos, de los infantes: ahora ambos pasaban la mayoría del tiempo con los ojos cerrados, sin moverse.

Lo único que alteró la enferma monotonía en la que se había convertido su vida fué algo que ocurrió antes, hace... hace algún tiempo. Días? Semanas? Vidas? No lo sabía, y no le importaba.

A mitad del día se despertó con los sentidos vibrando, alerta. Sabía que no se había despertado sólo por despertar. Sabía que había escuchado algo.

Agarró el tubo principal de la carpa y lo sacó de sus soportes. Empuñándolo como un mazo, una lanza, o un milagro, salió arrastrándose de su improvisado hogar.

A apenas unos metros de distancia, una bestia lo miraba, enseñando sus colmillos, gruñendo de hambre.

La batalla fué rápida, gracias a Dios, pues el hombre no tenía fuerzas para nada más. La mitad del tubo de la carpa yacía en el suelo, cubierto en parte por la arena. La otra mitad sobresalía del pecho de la criatura; un pecho que ya no respiraba.

El hombre se quedó agarrando aire un momento. Sabía que la manada no los podía haber alcanzado durante el día. Este ser debía ser un explorador. O un vagabundo solitario. Pero no por ello había sido menos peligroso.

Poco a poco, sintiendo el dolor en todo su cuerpo, el hombre se volvió hacia la desarmada tienda. Y vió a una bestia pequeña, parecida a un zorro, que comenzaba a introducirse dentro de ella.

Hacia los niños.

El hombre se movió antes de pensar en lo que hacía. Sus manos agarraron a la criatura, que arañó la tienda, y comenzó a debatirse entre ellas mientras el hombre la sacaba violentamente de la tienda. El dolor volvió a su cuerpo, mientras dirigía sus manos al cuello de la criatura; hizo fuerza, y un sonoro chasquido acompañó a un movimiento convulsivo del animal, que cayó al suelo con el cuello en un ángulo antinatural.

Poco después, el hombre también cayó de rodillas en la arena, viendo con sorda desesperación sus manos mientras la sangre que fluía de ellas empapaba la arena bajo él...

* * *

Ya no tenían tienda que los protegiera durante el día. La comida casi se les había acabado. Y a pesar de que había vendado sus manos con trozos de ropa y tienda, y el sangrado ya no era problema, sabía lo que esas heridas significaban.

Ya no tenía tiempo que perder. Debía llegar a la ciudad, y debía hacerlo a la mayor velocidad. Comenzó a caminar, cargando a los bebés, pero asegurándose de que ni una gota de sangre los tocara.

Ya ni siquiera era la esperanza lo que lo empujaba a seguir. Era solo el instinto de que debía colocar un pie delante del otro, o morirían todos.

* * *

Entre pitidos y sonidos de conversación, llegó la voz metálica de los detectores. Uno de los operarios de seguridad se acercó y analizó las medidas que el detector había arrojado, y con expresión dolida dijo:

- Es un infectado.

* * *

Veo la ciudad

Me acerco, cargando a los niños, sintiendo cómo mis piernas tiemblan.

La puerta de acceso se abre, y algunos hombres salen de la ciudad amurallada y protegida por cien cañones. Olfateo sus cuerpos, y eso me preocupa, porque me dice que poco me falta para sucumbir a la bestia.

Ahora que reparo en ello, soy consciente de alguna forma de la jauría que nos sigue, precedida por algunos lobos solitarios como los que me hirieron. No están mucho más atrás, y eso dibuja una sonrisa en mis cuarteados labios: un día más, quizás unas horas más, y nos hubieran alcanzado.

Sacando nuevas fuerzas, continúo acercándome a la ciudad...

* * *

- Esperen! Son tres señales, y solo una está infectada!

- Segura?

- Positivo. Diles a los soldados que avancen con cuidado, pero que traten de no disparar. Debemos evitar dañar a los no infectados.

* * *

Los soldados se acercan con sus armas apuntándome. No me molesta que me vayan a disparar: es lo que he imaginado que va a pasar desde que la bestia me mordió. Pero pensé que al menos me dejarían apartar a los niños de mí antes.

Preocupado de que puedan resultar heridos, dejo a mi hijo en el suelo. Se sostiene parado a duras penas. Extiendo como puedo, con una mano y apurado, lo que queda de tienda sobre la arena, y en ella recuesto a la bebé y al niño. Me aseguro que los papeles que he escrito con mis datos y los de ellos, así como los del viejo, estén asegurados a la ropa de ambos. Luego despeino a la bebé, y le doy un largo beso en la mejilla a mi hijo, y me separo unos pasos de ellos, con las manos en alto.

Espero que consigan a la madre de la bebé, y a alguien que cuide al mío. Supongo que, quizás, ella misma lo cuide. Quizás en agradecimiento por traer a su hija. Quizás por lástima por un pobre niño sin padre. Quizás porque ella también sueña a veces con un recuerdo, con otra vida...

Los soldados bajan las armas. Uno de ellos se toca la oreja izquierda, por lo que asumo que está hablando con la ciudad. Perdiendo fuerzas, caigo de rodillas.

A medida que se acercan, comienzo a escuchar sus conversaciones. Se dan consejos de acercarse con cuidado, pues saben que estoy infectado, pero rápido para alejar a los pequeños de mí.

- No sean idiotas -les susurro con una voz que parece un graznido, y que apenas reconozco como mía. Espero que sea por la sed-, lo único que me importan son los niños. Tómenlos y atiéndanlos... Por mí, déjenme aquí...

Comienzo a ver todo más oscuro, y sé que voy a perder el conocimiento. Mi mejilla siente de golpe el calor y el escozor del contacto con la arena. Soy vagamente consciente de los soldados cargando a mis pequeños, y acercándose a mí con sus armas apuntándome. Escucho palabras entrecortadas, discutiendo qué hacer conmigo...

Realmente, ya no importa. Si me matan aquí mismo, me liberarán de un futuro incierto, pero a todas luces indeseable. Si me dejan en el suelo, en pocas horas el sol terminará su trabajo. Y si deciden meterme a la ciudad, será para experimentar con otro infectado, y abrirme y retorcerme en busca de una cura o un arma contra las mutaciones.

Curiosamente, esta última es la opción que más me atrae. Al menos, estaría cerca de los niños.

Otra vez, una sonrisa se abre paso en mi rostro, mientras la inconsciencia se adueña de mí... Lo último que pasa por mi mente antes de que la oscuridad me envuelva, es la frase del viejo: "Hay cosas por las que vale la pena morir".

Es muy cierta, pero le tengo otra mejor, más lapidaria y más difícil de lograr. Algún día, cuando lo vea, se la diré...

"Hay cosas por las que vale la pena vivir".


Gracias por estar... Aunque nunca lo supiste. -- LA muJer sIN SaNGre (RecORDando)

La vida es una comedia para aquellos que piensan y una tragedia para aquellos que sienten. -- Horace Walpole

sábado, 23 de febrero de 2008

Imagina


Imagina una sonrisa en la cara de la persona que se cruza contigo al caminar por la calle. Imagina la luz en sus ojos. Imagina su boca curvándose. Imagínala riéndose hasta que le duela la barriga, hasta que se caiga al piso, hasta que las lágrimas cubran su rostro.

Imagina el dolor en el corazón de esa persona. Imagina su cara surcada de arrugas de tristeza, llena de huellas de la vida. Imagina otra vez las lágrimas surcando su cara, pero esta vez siendo lágrimas de sal.

Imagina los sueños de esa persona, las metas que pensó lograr y que ahora sabe que no son para él. Imagina si lo que más quiere es escalar el Pico Bolívar, el Teide o el Everest; o escribir un libro; o ser padre. Imagina si solo sueña con perder algo de peso, operarse los senos, cerrar esa puerta o tomar las riendas de su vida.

Imagina la historia de esa persona. Imagina los recuerdos que atesora, inexistentes en ningún otro lugar de la creación, y que se apagarán junto a ella. Imagina las cosas por las que ha pasado en su vida, buenas y malas, pero que la han llevado a compartir tu lugar en ese preciso momento. Imagina su vida, su realidad, el lugar del que viene, y el sitio al que se dirige, y al cual quizás llegará. Imagina si la vida se encapricha para que sus destinos se unan.

Imagina a su gente, a su familia. Tendrá hijos? Padres? Pareja? Será feliz con ellos, o deseará que mueran pronto? Imagina a sus amigos, y lo que hace con ellos: bailar toda la noche, jugar dominó, ir de cervezas? Imagina a su pareja, a sus relaciones: serán plenas? Hará el amor con su secretaria?

Imagina el placer, el deseo, en la persona que va acercándose a tí, en ese extraño, en esa desconocida. Imagina sus ojos cerrados por la sobrecarga emocional, por el sentir. Imagina su boca entreabriéndose por los jadeos. Imagina sus senos moviéndose al compás de tu cuerpo, o su pelvis guiándolo hasta dentro de tí.

Imagina...

Imagino que la próxima vez que camines por la calle de siempre, a lo mejor te acordarás de mí, y mirarás con algo más de atención a esa persona que se está cruzando contigo. A lo mejor te darás cuenta de que es una persona de verdad. A lo mejor te imaginarás a esa persona desnuda y besándote, comiéndote, poseyéndote. A lo mejor en tu imaginación logras conocer, al menos por un pequeño momento, a esa persona.

O a lo mejor no me recuerdas, no la ves, y nada cambió. Pero al menos imagino que traté...


Imagine there's no Heaven
It's easy if you try
No hell below us
Above us only sky
Imagine all the people
Living for today
...
You may say I'm a dreamer,
but I'm not the only one,
I hope some day you'll join us,
And the world will live as one.
-- John Lennon (Imagine)

Nunca imaginé mi boca sin tus besos.
Nunca imaginé dormirme sin tu cuerpo.
Nunca imaginé perder tu corazón.
Nunca imaginé ser solo tu recuerdo.
Nunca imaginé llorar por tu desprecio.
Nunca imaginé mi vida sin tu amor.
-- Aroma (Nunca imaginé)

Imagínate
que somos nosotros,
tú y yo para siempre,
que no eres de otro.
-- Silvio Rodríguez (Imagínate)

miércoles, 20 de febrero de 2008

El buen alumno


Extracto de un comentario hecho por Dussander, personaje del cuento Summer of Corruption - Apt Pupil (Verano de Corrupción - El aprendiz), del libro Different Seasons (Las cuatro estaciones), de Stephen King. Traducción libre hecha por mí, con motivo de la renuncia de Fidel Castro.

Admitiré que a finales de los treinta, durante mi primer matrimonio, apoyé a Hitler. Acabó con la depresión y nos devolvió algo del orgullo que habíamos perdido debido al asqueroso e injusto Tratado de Versalles. Supongo que lo apoyé en particular porque conseguí trabajo, y conseguía tabaco de nuevo, y no tenía que nadar en la basura cuando quería fumar. Creí, a finales de los treinta, que él era un gran hombre. A su manera, quizás lo fué. Pero al final estaba loco, dirigiendo ejércitos fantasmas según los caprichos de un astrólogo. Incluso le dió a Blondi, su perra, una cápsula de la muerte. El acto de un loco; hacia el final todos ellos estaban locos, cantando la "Horst Wessel Song" a medida que envenenaban a sus hijos.

Lean bajo nuestra luz, y opinen. Quizás deban cambiar "astrólogo" por "santero", y un par de cosas así, pero en general creo que está bastante pareja la comparación, y bastante claro quién es el buen alumno...

jueves, 14 de febrero de 2008

Feliz Día de los Regalos


Mi núcleo familiar básico siempre ha girado alrededor de las 10 personas. A veces sube un poco, a veces baja demasiado, pero creo que 10 es una buena aproximación. Y que conste que es el básico, la familia CERCANA, la que vive en la misma casa, sin contar tíos, primos, y gente que vea menos de una vez a la semana.

Mi familia política (no, no me refiero a los que opinan lo mismo que yo sobre el gobierno) es algo más pequeña, pero igual se ubica en un sólido conteo de 5 personas. Algunos dirán que bajó un poco, pero no fué así: solo se diseminó geográficamente. Y de hecho, ahora va palo arriba.

Amigos, lo que se dice amigos, no tengo muchos, pero son muy buenos. Y creo que, sin sacar mucha matemática, diría que 10 también es una muy buena aproximación, aunque probablemente me haya quedado corto.

Añadamos a eso unas 5 personas consideradas como error estadístico: alguien de la oficina, o esa persona que se te presentó de sorpresa, o aquella que está al lado del verdadero receptor del regalo, o el hijo de alguno de los anteriores.

Ah! Y no olvidemos, por supuesto, a las dos maravillas con las que convivo. Quizás ya estén contados arriba, pero creo que no se pondrá nadie bravo por solo dos personas más...

Total, total? El número que estamos manejando debe girar alrededor de las 32 personas. 32 personas (cómo se pone el "32" en mayúsculas? Está después de un punto!) a las que, cada año, debo tomar en cuenta en fechas de regalos. 32 regalos de cumpleaños, 32 regalos de Navidad, 32 personas a quienes invitar a cada uno de los cumpleaños y celebraciones que haga, 32 personas a tomar en cuenta en fechas genéricas de regalos, como el Día de los Enamorados (al que aquellos que están solos insisten en llamarlo "del Amor y la Amistad"), el Día de las Madres, de los Padres, de los Ingenieros, de los Niños, día de Reyes, Aniversarios, Graduaciones, Nacimientos, y pare usted de contar.

No piensen en mí como un Grinch de esos que no les gusta celebrar, o un Scrooge al que no le gusta regalar. Me gustan las celebraciones, tanto que Navidad probablemente sea mi día preferido del año (por sobre mi cumpleaños, que nunca me ha parecido particularmente celebrable), y me fascina dar o recibir regalos. En serio. Pero sí hay un par (bueno, un trío) de cosas sobre el ritual de los regalos, que me molesta.

Primero, la cantidad de fechas para regalar. En mi caso, luego de sumado el total, resulta que al año DEBO entregar 32+32+32=96, sin contar que además los invito a mis celebraciones. Casi 100 regalos al año. Más o menos un regalo cada 3 o 4 días. No son como que muchos? No les quitan lo especial a cada regalo, por ser tantos? No se vuelve un problema con el "no le puedo dar eso, porque ya se lo dí hace 2 años"? No se convierte en una carrera por comprar regalos, en lugar de poder elegir el regalo perfecto en cada caso, aquel que te hable y diga "llévame, que soy perfecto para esa persona"?

Segundo, la razón del regalo. Creo yo que lo lindo del regalo es decirle a la otra persona "epa, aquí estoy, a tu lado, eres especial". No lo podemos hacer sin gastar tanto dinero? Vernos y compartir un café (chocolate, en mi caso) o una foto, o muchos recuerdos, no es un regalo mucho más lindo? En verdad que estoy a punto de apoyar a los cínicos que dicen que la Navidad se colocó en esa fecha solo porque no había ocasiones de regalos en Diciembre, o que el Día de los Enamorados está en Febrero porque había un huequito entre Navidad y Día de las Madres. Y ni hablar de los rollos de las parejas, de "este año vamos allá, porque el pasado fuimos acá".

Tercero, los días que no son de regalos. No pongo en duda que tratar a tu mamá como una Reina el Día de las Madres, pero... No deberías tratarla así cada día? Por qué esperar a una fecha en particular para llevarle el desayuno a la cama? Hazlo este sábado! Por qué esperar a ese día, o al de los Enamorados, para darle a esa mujer especial en tu vida (madre, hija, esposa, novia, arrejunte) un regalo que sea significativo? No mata un poquito lo bonito del regalo?

(Y para tí, que tienes a tu pareja físicamente lejos, no te sientas mal hoy. Celebra que tu corazón late al mismo ritmo que otro en todo este ancho mundo, y suspira por el momento en el que se volverán a ver, tocar, besar. La distancia física no es ni remotamente tan mala como la distancia sentimental. Sonrie, dale muchos besos digitales a quien los espera, y vean la misma estrella a la misma hora esta noche, con la seguridad de que esa persona también lo estará haciendo).

Como les dije antes, no pierdan la bonita tradición de regalarle algo a su pareja (o a esa que quisieran que lo fuera) el día de hoy (no sé en los demás países, pero en Venezuela hoy se celebra el Día de los Enamorados, o San Valentín). Pero mañana, piensen en darle algo de nuevo. Y la semana que viene, sin razón, sorpréndanla con otro detalle.

Dicen por ahí que los pequeños detalles son los que hacen la diferencia, y ya somos muchos a los que se nos ha olvidado eso.

Feliz día...


No puedes tomar responsabilidad por la felicidad de alguien más. -- xkcd

Nunca creí en San Nicolás, porque sabía que ningún blanco entraría a mi barrio de noche. -- Dick Gregory

He vivido ochenta años de vida, y no he aprendido nada, salvo a resignarme y convencerme de que las moscas nacen para ser comidas por arañas, y el hombre nace para ser devorado por el dolor. -- Voltaire

No hagas de tu vida un borrador, pues puede que no tengas tiempo de pasarlo a limpio. -- A. Rossato

miércoles, 13 de febrero de 2008

Futuro


En el Futuro las canciones de Pedro Infante no serán recordadas. Ni siquiera como las canciones que escuchaba tu abuelo. Quedará alguna en un formato de grabación que ningún reproductor será capaz de leer, aunque no importará, porque nadie las recordará para buscarlas.

En el Futuro los libros de Agatha Christie no habrán sido leidos por nadie... Y probablente tampoco ningún otro de los que hoy existen. Quizás ya no haya libros, al menos como los conocemos hoy. Quizás los niños nazcan aprendidos, o quizás tengan prohibido aprender. Quizás el gobierno controle los medios de educación y comunicación, quizás la escritura no sea aceptada, o quizás toda persona haya escrito un libro valioso para la humanidad.

En el Futuro nadie habrá reido viendo una película de Tin Tan o de Cantinflas. Nadie habrá crecido viendo a El Chavo. Y no solo se habrá perdido la risa de hoy, sino todas las demás películas creadas, todos esos millones de horas de sueños y magia, de milagros y de historias.

En el Futuro las grandes obras de arte, modernas o del mundo antigüo, habrán desaparecido, erosionadas o robadas. Tendremos que elegir de nuevo obras que nos maravillen, y las anteriores se perderán en el olvido. Quizás el arte mute a nuevos horizontes que lo harían imposible de disfrutar por nosotros... Si aún existiéramos, claro.

En el Futuro tu país estará mucho mejor, con una economía estable, y lleno de gente con buenos sentimientos, honor, y respeto por sus semejantes. O estará hundido en una pesadilla Gothic-Punk, en un mundo sin fuentes de energía, en el que todos luchan por su vida y por un trozo de pan duro y mohoso.

En el Futuro conocerás a más gente muerta que viva. Habrás visto a más personas abandonarte para ir al olvido, o al prometido y no confirmado paraíso. También conocerás a muchas otras personas nuevas que pasarán a ser parte importante de tí, y perderás de vista, mente y corazón a aquellas personas que antes consideraste insubstituibles.

En el Futuro, no solo a nadie le importará, sino que será imposible que alguien recuerde que a tu bebé, a tu tesoro, a tu vida, le gustaba el chocolate. O que en vez de decir "siéntate" decía "atén". O que le fascinaba el Power Ranger Rojo. O que fué el primero en su clase. O que se graduó con muchos esfuerzos. O que conoció el amor y los corazones rotos. O que existió.

En el Futuro ya no serás. Quizás dures mucho, o quizás mueras antes de tiempo. Quizás la nada venga poco a poco y llena de dolor, o muy rápido y sin que lo notes, pero el caso es que será lo mismo: Nada de lo que haces hoy, o de lo que has hecho en el pasado, nada de lo que sientes, nada de lo que piensas, nada de lo que construyes y creas, nada de todo aquello por lo que te esfuerzas tanto... Nada de esto importará.


Dicen que el tiempo y el olvido,
son como hermanos gemelos,
que vas echando de más
lo que un día echaste de menos.
-- Estopa (Ya no me acuerdo)

El hombre sin la certidumbre de una vida futura, es el más infeliz de todos los animales. -- Dante Alighieri

El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños. -- Eleanor Roosevelt

Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir. -- Françoise Sagan

Me gustan los hombres que tienen un futuro y las mujeres que tienen un pasado. -- Oscar Wilde

El futuro es ese periodo de tiempo en el que prosperan nuestros negocios, nuestros amigos son verdaderos y nuestra felicidad segura. -- Ambrose Bierce

La muerte no es más que un sueño y un olvido. -- Mahatma Gandhi

El olvido es la muerte de todo lo que vive en el corazón. -- Karr

Es tan corto el amor y tan largo el olvido. -- Pablo Neruda

viernes, 8 de febrero de 2008

Anti-Héroes


Otras veces me han escuchado despotricar del lado oscuro de Caracas: me han escuchado quejarme de los carros que no paran en la luz roja; han compartido mi dolor por las motos que se comen el espacio de las aceras de mi ciudad (ayer ví lo peor de todo, un espacio en plena Av. Sucre pintarrajeado en el piso, con pintura amarilla, y el rótulo "Reservado para Motos". En plena avenida!); han sufrido junto a mí mi desprecio por los buhoneros que se comieron mis boulevares y demás avenidas (también ayer "disfruté" con la visión de un cartelito pegado en Coopercentro, que decía algo así como "El Alcalde la prendió, apáguela con el desalojo a los buhoneros" y tenía un dibujito de una bomba... Sencillamente, artístico).

Ahora, disfruten de otro de mis desahogos.

Mi pareja almorzó ayer en Galerías Ávila, en La Candelaria, y agarró su carro para ir a La Electricidad de Caracas, en Santa Rosa, donde está haciendo outsourcing actualmente. Un trayectico de unos 15 minutos con todo y cola.

Pues a mitad de ese recorrido una pareja de malvivientes se le acercó, la encañonó, y le robó su anillo de matrimonio. Al final, como guinda, el ladrón principal pretendió darle un beso de despedida. Realmente enternecedor.

Lo peor no fué eso. Lo peor fué que llegara a su trabajo y en lugar de un "que bolas que te robaron", o un "deberían matarlos a todos", o algo así, recibiera frases como "pero por qué no te fuiste en bus" (como si eso garantizara que no la iban a robar), "eso fué por no llevar la ventana cerrada" (claro, con los vidrios antibalas que no tiene su carro... O a lo mejor es que las ventanas cerradas tienen un efecto adverso en la psique del choro), y otras joyitas por el estilo.

O sea... Tan acostumbrados estamos ya a la idiosincrasia venezolana? Ver que un autobusero no se coma la luz es novedad? Encontrar un policía que no nos matraquee en una esquina cualquier quincena en lugar de estar atrapando malvivientes nos causaría ya un paro cardíaco por la sorpresa? Ya no es culpa del ladrón, o del gobierno, o de Chávez, o de la policía que no hace su trabajo, o de la educación -o falta de ella- que recibimos en Venezuela, o de los padres que no hicieron su trabajo, o de la costumbre de premiar el comodismo, o de lo que sea, sino que la culpa es nuestra por dejarnos robar, aún cuando no estamos haciendo ninguna locura estilo pasear con las cadenas de Mr. T una noche de quincena por el Guarataro?

En algún lugar nos perdimos en el camino de la vida, no creen? En algún lugar esto se torció, y como diría mi gran amigo J, este país se fué por el orto. Ya estamos tan contaminados que vemos esas cosas como "normales", como "bien"... Se nos hace necesario salir un tiempo de nuestra ciudad, de nuestro país, para darnos cuenta de que no todo -no nada!- está bien. Que el alto costo de la vida, la delincuencia, la carencia de los alimentos básicos, la falta de libertad, la ciudad sucia, la gente sin norte, alma, vergüenza u honor, NO ESTÁN BIEN!

Una vez más me dejo llevar por mi hiperactiva imaginación, y pienso "qué pasaría si, como en Héroes, algunas de las personas tuvieran poderes sobre-humanos?

Si yo tuviera super-fuerza, un par de ladrones hubieran ido a parar al Guaire luego de recorrer algunos kilómetros por el aire, del patadón que les daría.

Poderes mentales? Les quemaría el cerebro, dado caso de que lo encontrase.

Dominación mental? Dios sabe que lo que les mandaría que se hiciesen no estaría bien... Pero también sabe que lo disfrutaría mucho.

Regeneración? Me salgo del carro, y le caigo a golpes al ladrón. Que me dispare...

Control del clima? Del tiempo? Teleportación? Rayos láser? Dientes de medio metro? Piel elástica? Anillos, de roca La Mole quiero ser...?!? Saben que sería genial...

Pero volvamos a la realidad. Nada de eso existe (al menos, que yo sepa), así que no podemos contar con ello. Solo podemos contar con nosotros, con nuestra buena voluntad, con nuestras ganas de que la situación se arregle, con la esperanza de que podamos volver a vivir sin aprensión, que volvamos a los tiempos en los que podíamos dormir con las puertas de las casas abiertas, y confiar en el de al lado.

Es por eso que estamos irremisiblemente perdidos...


Muéstrame un hombre sano y lo curaré por tí. -- Carl Jung

El mal es poco espectacular y siempre humano. Y comparte nuestra cama y come en nuestra propia mesa. -- W. H. Auden (Herman Melville)

Lo que llamamos maldad, me parece a mí, es simplemente ignorancia golpeando su cabeza en la oscuridad. -- Henry Ford

Lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada. -- Edmund Burke

El mundo es un lugar peligroso. No debido a la gente malvada, sino a la gente que no hace nada al respecto. -- Albert Einstein

Somos nuestro propio demonio, y hacemos de este mundo nuestro infierno. -- Oscar Wilde

jueves, 7 de febrero de 2008

Dragón de Fuego


En mi perfil aparece que, de acuerdo al Horóscopo Chino, soy Dragón (el quinto signo). Ya sabía que, además, soy Dragón de Fuego (como todos los nacidos entre el 31 de Enero de 1976 y el 17 de Febrero de 1977), pero luego de leer un post sobre el tema decidí averigüar un poco más.

(Como nota al margen, para los que no lo sepan, el año Chino no comienza junto al Gregoriano, por lo que los nacidos en Enero y sus alrededores deben ajustarse al año anterior a su nacimiento).

El Dragón, poderoso y magnífico ser del folklore mítico, nunca deja de encantar o de revolver la imaginación. El Dragón simboliza la vida y el desarrollo, y se dice que aporta las cinco bendiciones: armonía, virtud, riqueza, satisfacción y longevidad.

Al parecer, los Dragón somos los más excéntricos de todo el Zodíaco Chino. Encumbrados en lo más alto de nuestro sereno paraíso, podemos ser tozudos, apasionados, excitables, honestos y valientes, ir pintados de púrpura o meternos descalzos en las fuentes públicas (o desnudos en las plazas de la ciudad. jejeje). Solamente escuchamos nuestro propio ritmo, mientras el resto del mundo nos contempla atónito. La gente siempre admira nuestra individualidad (bueno, no siempre) y nuestra personalidad festiva. Los Dragón somos capaces de realizar un excelente trabajo para la humanidad, e inspiramos confianza prácticamente en todo el mundo.

Mágicos, intuitivos, artísticos y muy afortunados. A veces podemos ser obstinados, irritables e impulsivos. Somos brillantes y gozamos de mucho éxito en lo laboral. También somos "algo" orgulloso y de personalidad siempre atractiva.

Los Dragón de Fuego, los más rectos y competitivos de todos los Dragones, emanamos vigor y energía. Líderes naturales, sonreimos ante la adversidad, convertimos a los que se quejan en optimistas, y hay en nuestra vida tanta inspiración como en una Sonata de Beethoven. Somos personas honradas en el trato con los demás y, con frecuencia, somos requeridos para que mediemos en las disputas.

Como nos preocupamos tanto por la gente, a los Dragón de Fuego nos gusta apoyar causas benéficas y reunir a nuestros amigos. Estamos llenos de ambición, incansable entusiasmo e inteligencia y, como resultado, solemos realizar destacadas carreras profesionales, y arrastrar a un grupo de seguidores y adoradores. En realidad, somos abiertos y dados a la imparcialidad y a destapar la verdad a cualquier costo. Nuestra crítica es objetiva, y tenemos la energía de despertar a las masas con nuestra personalidad.

A pesar de todo el dinero que ganamos, las Finanzas siguen siendo la asignatura pendiente. El dinero nos llega de forma fácil y nos abandona de la misma forma (Diox, que cierto!). Al menos, compensamos las deudas y somos agradecidos con lo que nos dan.

Con nuestro romanticismo característico, los Dragón de Fuego no podemos evitar jugar a casamenteros o ser enamoradizos. Y además, ¡tenemos mucha suerte! Rezumamos un gran carisma y nunca necesitamos a nadie que nos organice esos asuntos. Los Dragón de Fuego tenemos éxito en el amor, a menudo somos realmente adorados y adorables, y además de ser atractivos (yeah, rigth...) tenemos un temperamento ardiente. El sexo opuesto se siente seguro con nosotros (tal vez, demasiado). Sin embargo, a pesar de nuestro volcán de emociones, los Dragón no somos sentimentales, sensibles o románticos en exceso.

A los Dragón es difícil hacernos cambiar de idea, y dicen que tendemos a intimidar a los que se atreven a desafiarnos. El Dragón, poderoso y magnífico, nunca deja de encantar o sorprender con su imaginación. Aquellos que somos de este signo estamos llenos de vitalidad y de fuerza. Egoistas, excéntricos, dogmáticos, somos terriblemente exigentes y tercos, y nunca pasamos desapercibidos. Orgullosos, aristocráticos y muy directos, establecemos nuestros ideales temprano en la vida, y exigimos llegar a mayores niveles y tener perfección en lo que hacemos.

A menudo, hermanos mayores Dragón pueden sacar adelante y educar a sus hermanos más jóvenes con más autoridad que los propios padres. Y es que, a pesar de nuestro genio fuerte y de nuestras maneras dogmáticas, los Dragón somos seres filiales: en caso de apuros y necesidad, el Dragón puede poner a un lado resentimientos domésticos y venir al rescate.

Como nota final, la guinda que faltaba: Los Dragones sentimos que estamos por sobre la ley, y no siempre practicamos lo que predicamos...

Algunos Dragón famosos? Ringo Starr, Dr. Seuss, John Lennon, Salvador Dalí... Y yo, al menos en mi imaginación.

Bueno, espero sus opiniones: me comporto como un Dragón de Fuego, o no? Por lo pronto, yo al menos ya saqué otras ideas para mis tatuajes, aparte de la original. También les acepto sugerencias al respecto...


Si no puedes soportar el calor, no molestes al dragón.

Si el león y el dragón pelean, ambos morirán. -- Tadashi Adachi

Siempre habla de forma educada con un dragón molesto. -- Steven Brust

Para atraer la buena fortuna, gasta una moneda nueva en un viejo amigo, comparte un viejo placer con un nuevo amigo, y anima el corazón de un amigo verdadero escribiendo su nombre en las alas de un dragón. -- Proverbio

Cuando las puertas de la prisión sean abiertas, el verdadero dragón saldrá volando de ellas. -- Ho Chi Minh

miércoles, 6 de febrero de 2008

Infinitas Puertas


Obviamente, la mayoría de las personas prefieren que su pareja -o prospecto de- pertenezca al maravilloso mundo de los solteros. No hay ni que explicar que eso es lo correcto, lo que se estila, lo que genera menos comentarios tipo "qué dirán", que los solteros son los que tienen tiempo para la pareja, y qué se yo cuántas cosas más.

Otros, quizás minoría, prefieren que su pareja -o prospecto de- pertenezca al maravilloso mundo de los casados. Ya en su momento reconocí que no sabía si era para evitarse problemas, o para darle el trabajo tedioso a alguien más, o porque les fascinan las cacerías difíciles, o alguna tara de algún tipo, o qué se yo...

El último grupo (bueno, supongo que hayan más, como los solitarios a ultranza, algún necrófilo, y un par de cosas más en ese estilo, pero ustedes entienden), al cual cada vez entiendo más, son aquellos a quienes les fascina una persona divorciada.

En mi opinión, todos deberíamos divorciarnos en algún momento de nuestras vidas. Las personas divorciadas ya han pasado por el matrimonio, ya han vivido el amor y el desamor, ya han crecido como personas, se han independizado, han aprendido que sí hay vida luego de la hecatombe de una separación "seria"...

Desde todo punto de vista, una divorciada es más persona, más madura, más interesante que una soltera.

Entre divorciados no hay tapujos, no hay segundas intenciones: la charla es directa y sin ambigüedades. Saben lo que quieren, y van a por ello. Si la relación crece, que bien. Si no, ni modo: cerramos la puerta y buscamos la siguiente.

Hablar con una persona divorciada, a la que recién estás conociendo, es una experiencia liberadora... Conoces el placer de hablar con un buen amigo? Y el de hablar con un desconocido, del que realmente no importa la opinión que pueda hacerse sobre tí?

El único punto en contra de una persona divorciada es que, precisamente, ya ha tenido otra vida. Con una divorciada rara vez tendrás la totalidad de su existencia. Sin historias. Sin restos de otra vida.

* * *

Todos pensamos que nuestra vida es única. Que cuando lleguemos al final de nuestro camino, el sol se apagará. Que cuando nuestra felicidad nos eluda, el mundo dejará de girar.

Para muchos, eso es lo que un divorcio significa: el final de todo, el acabose del mundo, la tristeza y la vergüenza mayor para tí y los implicados.

Seamos sinceros...

Tienes un trabajo que apesta. Las cosas con tu pareja no van bien. Cada día es idéntico al anterior. Te preguntas si alguien notaría si un día desaparecieras.

Es decir, vives una vida normal, como la de cualquiera.

El secreto para la felicidad es, primero, asumir las culpas y las responsabilidades de la vida que vives; reconocer que estás donde estás por culpa directa de tus acciones e inacciones. Y segundo, darte cuenta de los pequeños logros que alcanzas día a día, de tus puntos positivos, de las metas que cumples; y no ganarte el kino, o algo igual de poco probable, no cuenta para tu miseria.

Por qué será que basamos tanto nuestras alegrías en cosas que no lo merecen?

Es normal de la gente ir buscando algo, pero sin saber qué. Es natural que comencemos a caminar en alguna dirección -porque lo importante, claro, es no dejar de moverse- sin darnos cuenta que ese comportamiento bien puede ponernos a recorrer la dirección que nos aleje de lo que en verdad es nuestra meta.

Aprendernos muchos tips fáciles y cómodos para lograr la felicidad, saltar de cama en cama, tener un hijo, hacernos las tetas, convertirnos en los super-héroes de nuestra oficina... Cosas en las que nos escudamos para no darnos cuenta de nuestras miserias.

Olvidemos esas cosas. Derrumbemos esa pared. Abramos esa puerta. Demos ese paso.

* * *

Yo, en particular, soy fatal cerrando puertas. Me cuesta cerrar hasta las que no se han abierto nunca.

Siempre, cuando una puerta se abría, no me daba cuenta hasta que ya la había dejado atrás. Luego, a medida que crecí, maduré, y me volví más atento a la dinámica social, comencé a notarlas no solo a tiempo, sino incluso hasta antes; sin embargo, siempre me siguió costando traspasarlas.

Por si a estas alturas tienen dudas, por puertas abiertas yo entiendo oportunidades de relaciones, ya sean de pareja, sexuales, de crecimiento personal, oportunidades de vivir la vida, de aclarar conceptos, de lograr lo que sueñas. Algunos lo logran -o al menos lo buscan- con un cambio de vida, un cambio de trabajo, o algo tan sencillo como un cambio de look. Otros buscan una amante, o al menos un amigo con derecho, o un "amigo especial" (y ojo, que una vez que das ese paso, ya no hay vuelta atrás, ni para el amigo con derecho, o el amigo especial, ni para tí. Una vez que das un paso, derrumbas una pared imposible de levantar de nuevo: siempre buscaremos más cosas).

Otra vez, aclaro: por amigos con derecho no me refiero, una vez más, solamente a esa persona con la que siempre podremos tener sexo cuando queramos o lo necesitemos, sin ratón moral al otro día; también cuentan aquellas personas con quien leer -y escribir!- un libro de sexo, o con las que podemos besarnos cuando necesitemos sentirnos vivos, compartir un beso robado, compartir una charla sobre la insoportabilidad de la vida mientras tomamos un café, malgastar horas y horas jugando un video-juego u otras cosas de niños... Qué se yo.

Muchos permitimos que la promesa de un cielo que no sabemos si existe, y al que aún no nos toca llegar, nos impida disfrutar de la vida que tenemos.

Volvamos a las puertas: ahora, tal vez porque ya me pasé de maduro, veo puertas abiertas en todos lados (tal vez más de las que existen, aunque al menos estoy consciente de ello), y siempre estoy dispuesto a atravesarlas. Ahora mi problema es no darme cuenta, o no querer aceptar, cuando ya debería cerrarla.

Por si tenías dudas, te lo aclaro: aún mantengo la puerta abierta...


Y lo único que hago es recordar que no te tengo… -- Joyas Prestadas (He tratado...)

Mientras más felices somos en la vida, más miedo tenemos, porque más cosas tenemos para perder. Y es curioso cómo son aquellos a los que más amamos las personas a las que más daño le causamos. -- Zelda (La Leyenda de Zelda: Princesa del Ocaso)